América Latina: ¿Alcanza con los recursos naturales?

Durante un seminario en el MINCYT se debatió sobre el rol de los recursos naturales en el desarrollo de la región y el aporte de la ciencia y la tecnología para generar productos con valor agregado. Cuáles son las restricciones que enfrentan las economías latinoamericanas, que atraviesan un período de reprimarización de sus exportaciones.

Por Bruno Massare  
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Agencia TSS — “En 2017 se espera una recuperación del crecimiento en América Latina que no llegaría al 1%. Ese ritmo de crecimiento, que para el año que viene sería del 2%, está por debajo del que hace falta para absorber el crecimiento de la población en la región. Se necesita, en promedio, un crecimiento de por lo menos 2,4% para sostener las tasas de empleo”, dijo Martín Abeles, director de la oficina de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en Buenos Aires durante el seminario Recursos Naturales y Desarrollo: Desafíos para la CTI en el Siglo XXI, que se realizó el 7 y el 8 de noviembre pasados en el Centro Cultural de la Ciencia (C3).

El encuentro, organizado por el Centro Interdisciplinario de Estudios en Ciencia, Tecnología e Innovación (CIECTI) del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCYT), giró alrededor de las estrategias que pueden aplicar los países latinoamericanos, apoyados en la ciencia y la tecnología, para agregarle valor a sus recursos naturales.

Durante el panel “El desarrollo en el contexto global actual. Tendencias y determinantes”, coordinado por Fernando Porta, director académico del CIECTI, Abeles consideró al crecimiento pronosticado por la CEPAL para América Latina como “positivo pero modesto, y eso trae aparejadas preocupaciones sociales”. Y agregó que “empiezan a revertirse las mejoras en pobreza y desigualdad que se venían reduciendo en este siglo”.

“Si a la pérdida de elasticidad en las exportaciones durante los últimos 15 años le sumamos la dimensión financiera, encontramos que cierto grado de apalancamiento externo en algunos casos aparece como algo excesivo”, dijo Abeles.

La presentación de Abeles, cuyo título fue “América del Sur y su especialización en recursos naturales: Restricciones clásicas y desafíos contemporáneos”, recurrió a indicadores de un reciente trabajo del organismo regional (Perspectivas del comercio internacional de América Latina y el Caribe. Recuperación en un contexto de incertidumbre), en el que se señala que el comercio exterior de América Latina y el Caribe muestra signos de recuperación y deja atrás el desempeño negativo del período 2012-2016.

Sin embargo, el aumento registrado en el primer semestre de 2017 se explica principalmente por el incremento de los precios de las exportaciones, concentradas en recursos naturales. Si bien el año próximo se espera que las exportaciones de América Latina crezcan 13%, “el 8% estará explicado por los términos de intercambio”, dijo Abeles.

El estudio de la CEPAL pone énfasis en un problema que no es nuevo, pero parece profundizarse: la creciente preponderancia de exportaciones de productos no elaborados por parte de los países latinoamericanos. Esta reprimarización de las economías de la región, que se refleja en su canasta exportadora, tiene su contraparte en el escaso aporte de los productos elaborados y de los denominados servicios modernos (como las TIC y los servicios financieros, entre otros).

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Abeles también dijo que la elasticidad de las exportaciones ha disminuido en los países de América Latina. “Eso implica que necesitamos que el mundo crezca un poco más para que nuestras exportaciones crezcan lo mismo”, sostuvo. Además, se refirió a la vulnerabilidad que enfrentan las economías de la región, tanto por contar con una canasta de exportaciones poco diversificada (en la que puso como casos extremos a Chile y Venezuela), así como por la frágil situación financiera (déficit de cuenta corriente).

“Si a la pérdida de elasticidad en las exportaciones durante los últimos 15 años le sumamos la dimensión financiera, encontramos que cierto grado de apalancamiento externo en algunos casos aparece como algo excesivo”, dijo el representante de la CEPAL. “Hay una tensión estructural: necesitamos crecer pero la restricción externa se ha profundizado”, agregó.

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Recientemente, la agencia de calificación crediticia Standard &Poor’s ubicó a la Argentina entre los cinco «países frágiles», aquellos considerados muy permeables a los vendavales económicos mundiales debido a variables como el porcentaje de deuda denominada en moneda extranjera.

“Hace falta política industrial y tecnológica”, dijo Abeles. Sin embargo, la misma CEPAL advierte en su flamante informe que “el espacio para desarrollar políticas industriales tradicionales se ha reducido marcadamente como resultado de los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de los acuerdos comerciales y de inversión Norte-Sur”.

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¿Quién quiere ser Australia?

Durante el panel también expusieron otros especialistas, como Daniel Lederman (economista del Banco Mundial), Alejandro Mentaberry (coordinador ejecutivo del Gabinete Científico Tecnológico del MINCYT), Lizbeth Navas-Aleman y Carlota Pérez (ambas de investigadoras de la Universidad de Sussex, la última a través de videoconferencia).

Lederman hizo referencia al supuesto de que la abundancia de recursos naturales puede volverse una maldición para los países donde abundan, también conocido como “paradoja de la abundancia”. Según Lederman, “si hay una maldición, no es una que no se pueda curar”, aunque reconoció que, si los gobiernos son incapaces de manejar la volatilidad externa generada por la concentración de las exportaciones de recursos naturales, “el crecimiento a largo plazo puede verse afectado”.

El economista del Banco Mundial cuestionó la idea de que los precios de los commodities son más volátiles que los de los bienes manufacturados y apuntó al bajo gasto en I+D del sector agropecuario de los países latinoamericanos, que en la Argentina promedia el 1% sobre la facturación. “Es muy baja la inversión en investigación en este sector y una de las posibles razones es que las tasas de ganancia son muy altas, pero a su vez presentan alta volatilidad”, sostuvo.

Lederman también ponderó la inversión en I+D que realizan otros sectores que explotan recursos naturales, como el de la minería (el caso de Australia puede ser un buen ejemplo), aunque omitió el hecho de que buena parte de la explotación minera en América Latina es realizada por firmas transnacionales, que suelen mantener las actividades de I+D en sus países de origen.

La presentación de Mentaberry se tituló “Valorización de los recursos naturales: la bioeconomía en Argentina” y caracterizó al actual escenario mundial como una encrucijada entre el crecimiento demográfico, los recursos físicos limitados y el cambio climático global. “La clave es elevar la eficiencia productiva con menos insumos” dijo el funcionario, que citó entre los que considera los motores tecnológicos de la economía actual a la biotecnología, la nanotecnología, las TIC, la robótica, la inteligencia artificial y las energías alternativas.

«Esta idea de que vamos a ser los productores de alimentos del mundo es bastante ingenua. La matriz productiva debe evolucionar en productividad y competitividad, de lo contrario se profundizará la desigualdad”, dijo Mentaberry.

“La robotización sustituirá el trabajo manual y repetitivo, pero también empezará a incidir en otras profesiones. ¿Cómo nos ubicaremos en el mundo? ¿Seremos proveedores de materias primas o vamos a ser socios de actores tecnológicos?”, se preguntó.

“La Argentina puede jugar un rol pionero en bioeconomía”, sostuvo Mentaberry, quien citó cifras del sector, como las más de 200 empresas de biotecnología que existen en la Argentina y los 185 grupos de investigación activos en el área. Sin embargo, advirtió: “Nuestras economías regionales están pensadas para el siglo XIX. Esta idea de que vamos a ser los productores de alimentos del mundo es bastante ingenua. La matriz productiva debe evolucionar en productividad y competitividad, de lo contrario se profundizará la desigualdad”.

Para Carlota Pérez, quien se hizo presente en el auditorio del C3 a través de videoconferencia, “el nuevo reto para América Latina no es solo darle valor a los recursos naturales, sino resolver el eterno problema de la inclusión social”.

«“Ningún país en la historia se ha adelantado sin una promoción fuerte, clara e inteligente por parte del Estado”, sostuvo Pérez.

Según la especialista en cambio tecnológico, “mercados como alimentos, energía y materiales se han segmentado de tal forma que estimulan la aplicación de ciencia y tecnología y pueden ser un puente hacia la industrialización. Hay que ver las oportunidades de desarrollo como un blanco móvil y de naturaleza cambiante”.

Pero ¿una región tan diversa como América Latina debería elegir un sector industrial por sobre otro? ¿Qué pasa con aquellos países que tienen desarrollos avanzados en otros sectores de la industria? Para Pérez, hay que elegir: “Ese salto que pudimos dar —por América Latina— como hizo Corea (apuntalado en las firmas de sectores como electrónica y automotriz), se nos pasó y ahora tenemos que aprovechar la oleada de la biotecnología y la nanotecnología. Las ciencias de la vida y de los materiales pueden ser la base para el desarrollo de la región”, dijo. También resaltó la necesidad de que el modelo innovador sea empujado desde el Gobierno: “Ningún país en la historia se ha adelantado sin una promoción fuerte, clara e inteligente por parte del Estado”.


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