Litio: Los mitos del oro blanco

¿Cómo se lleva a cabo la explotación del litio en Sudamérica? El mineral, postulado como una promesa para el desarrollo en la Argentina, Bolivia y Chile, también trae riesgos socioambientales en la minería que abastece a otros países que posteriormente lo industrializan. Especialistas e investigadores de estos países buscan respuestas al dilema sobre si es posible tener una práctica sustentable y con valor agregado.

Por Vanina Lombardi  
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Agencia TSS – “Existe una ventana de oportunidad relativamente corta y transitoria para el litio frente a los cambios tecnológicos, la transición energética y la movilidad eléctrica, pero también hay un contexto de conflictividad socioambiental en los territorios”, afirmó Jeannette Sánchez, directora de la División de Recursos Naturales e Infraestructura de la CEPAL, durante el seminario “ABC del litio sudamericano, ¿commodity minero o recurso energético estratégico?”, organizado por el CONICET y la Fundación InnovaT, del que participaron referentes de los tres países que componen el denominado triángulo del litio: Argentina, Bolivia y Chile.

“La pandemia ha intensificado los problemas estructurales que tenía la región y es todavía más lejana la posibilidad de un cambio de modelo de desarrollo. Por eso se necesitan agudizar las políticas económicas y sectoriales si queremos retomar la senda de crecimiento y promover una agenda de transformación estructural de incorporación de mayor valor, tecnología y ciencia”, consideró Sánchez, que es doctora en Políticas Públicas y Transformaciones Sociales por la Universidad Autonóma de Barcelona.

Sánchez sostuvo que, con la pandemia, el 90% de los países del mundo han decrecido mientras que en la región la caída del PBI per cápita representa la pérdida de una década, en términos de actividad económica. Se cerraron 2,7 millones empresas formales, el desempleo alcanzaría a 44 millones de personas, se registra un retroceso de 15 años en términos de niveles de pobreza y de 30 años en términos de pobreza extrema, con niveles similares a los de 1990. En el mejor escenario, la recuperación podría lograrse recién en 2023, aunque los panoramas más desalentadores extienden ese plazo por diez años e incluso más.

La creciente explotación del litio en la Argentina sigue siendo de muy bajo nivel de industrialización. Gráfico: Vera Mignaqui.

Esta crisis puede impactar en un estancamiento en la demanda de litio, que durante la última década había aumentado un 11% anual promedio, destinada principalmente al uso de baterías para distintas aplicaciones, particularmente en vehículos eléctricos. A esto se suma que los países de la región no ingresan en la cadena de valor agregado mundial del litio: mientras que aquí se extrae el metal y se lo exporta como carbonato de litio, en países más desarrollados, principalmente China y Japón, se realiza el refinamiento electroquímico, se producen las celdas y las baterías, entre otras fases más avanzadas de la cadena.

Las baterías son ajenas

Según datos de la CEPAL, la Argentina representa el 14 por ciento del total mundial de la extracción primaria de litio, mientras que Chile alcanza el 29 por ciento. Fuera del continente, Australia representa un 50 por ciento. La etapa siguiente, la del refinamiento, se hace un 90 por ciento en China y un 10 por ciento en Chile, mientras que en la fabricación de celdas, China tiene el 50 por ciento y Japón el 20 por ciento, al igual que Corea del Sur. Por último, la mitad del ensamblado de baterías se realiza en Japón, un 14 por ciento en Corea del Sur y un 20 por ciento en China.

El carbonato de litio (LCE), por ejemplo, tiene un valor menor al hidróxido de litio, que se logra mediante un proceso químico específico. “Con subsidios del gobierno japonés y créditos al 1% anual de los bancos japoneses, Orocobre y Toyota están haciendo una planta para obtener hidróxido de litio en Japón con carbonato impuro que extraen en Jujuy, con un costo de 3.000 dólares, para llevarlo a 28.000 dólares, en Japón. Es decir, que en Sudamérica no van a quedar puestos de trabajo interesantes ni valor agregado, ni mucho menos regalías importantes”, lamentó el doctor en Química Ernesto Calvo, director del INQUIMAE, que investiga sobre métodos de extracción de litio.

Otro aspecto no menor es que se está investigando sobre varios sustitutos tecnológicos para el litio, como el hidrógeno y las baterías de sodio. “Las instituciones de ciencia y tecnología deberían estar conectadas, pensando en cómo trabajar las otras fases de la cadena y también cómo coordinar con los otros países que tienen litio, para ver cómo se reparten de manera más complementaria y funcional las oportunidades de desarrollo de las diferentes fases de la cadena que sean posibles o que las circunstancias económicas, sociales y ambientales lo permitan”, agregó Sánchez.

Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (sobre la base estadística de Australian Mining Equipment, Technology and Services), http :://www austmine com au/.

Química y mercado

Solo dos de los 20 proyectos de extracción de litio que se distribuyen en los salares de Catamarca, Jujuy y Salta se encuentran operativos (con una capacidad instalada de 40.000 toneladas de LCE): el Salar de Olaroz, en Jujuy, operado por la australiana Orocobre, la automotriz Toyota y la nacional JEMSE (Jujuy Energía y Minería Sociedad del Estado), y el Salar del Hombre Muerto, en Catamarca, que explota la norteamericana Livent Corp. ¿Por qué no se avanza en otros proyectos? Según Calvo, esto se debe al tiempo necesario para poner a punto el proceso extractivo, que requiere no menos de siete años. “Hay muchísima hidrogeología para entender el recurso, la cuenca y la química de cada salar, que es diferente. A veces, se dice que la producción en el país se multiplicará por 5 o 10, pero eso es imposible”, dijo el especialista y explicó que el proceso de evaporación es muy lento. Las salmueras son sistemas químicos complejos que dependen de factores ambientales, como la cantidad de lluvia o la relación entre el magnesio y el litio.

Por eso, además, los procesos se ajustan a cada salar y cambian totalmente entre uno y otro. “El método evaporítico actual, de cal sodada, lleva casi un año, pierde muchísima agua y tiene baja eficiencia de extracción. Pero todos los procesos lo tienen, no importa el país ni el régimen político, es algo que determina la química”, afirmó Calvo, que trabaja en el desarrollo de un método electroquímico para la extracción sostenible de litio a partir de salmueras, por el cual fue premiado. “Las leyes del mercado no pueden superar a las de la química, deben tenerse en cuenta los enormes volúmenes de salmuera involucrados y la baja concentración de litio. Hay muchas empresas en Canadá y Australia que desarrollan procesos y los venden a quienes quieran operar en nuestra región, pero esos procesos fueron desarrollados a nivel del mar, sin cambios bruscos de temperatura como los que hay en la puna”.

Al respecto, Ingrid Garcés Millas, que participa en el Centro Regional de Educación Ambiental en el Observatorio Plurinacional de Salares Andinos, en Chile, detalló que se estima que por cada tonelada de litio que se obtiene se pierden en el sistema dos millones de litros de agua evaporada. “El consumo de agua fresca que sale de la zona de Atacama es de 763.948.800 litros por día, mientras que en una ciudad alemana de 200.000 habitantes el consumo diario de agua es de  27 millones”, detalló Garcés Millas, que investiga sobre minerales industriales y depósitos salinos desde hace más de tres décadas, y advirtió que el Salar de Atacama está “en desequilibrio total” debido al efecto de las extracciones de salmuera. “Se ha comprobado la afectación de diversidad biológica, de procesos que impactan en la vida de comunidades. Los sistemas lagunales están prácticamente muertos, sobre todo al sur, y hay una reducción muy grande de flamencos, que mantienen un equilibrio con las cianobacterias, que producen bajas en la cantidad de oxigeno en el agua”, puntualizó.

El bombeo y la evaporación impactan en el vaciamiento del salar, mientras que el procesamiento también impacta por el consumo de agua dulce necesario para el mismo procesamiento y disposición final de los precipitados. “El impacto más importante es en el agua, adonde hay dos indicadores, uno relacionado con el agua fósil y otro con el ciclo del agua, que es el agua dulce que usan las comunidades para vivir”, coincidió Vera Mignaqui, del equipo de vinculación y transferencia tecnológica del Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Mignaqui dijo que, según estimaciones para el año 2022, el consumo de agua dulce para producción de litio sería entre 5 y 10 millones de metros cúbicos por año en una zona de gran escasez de agua dulce. En comparación, la población en las cuencas del Salar del Hombre Muerto consumiría entre 6.000 y 70.000 metros cúbicos por año, y la población en las cuencas de Cauchari Olaroz requerirían entre 23.000 y 240.000 metros cúbicos por año.

Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe ( sobre la base estadística de U S Geological Survey Mineral Commodity Sumaries.

Minería sin desarrollo

“En el discurso hegemónico, se habla del litio como una oportunidad gigante en cuanto al desarrollo local pero en términos de producto o ingresos a nivel país no es tan relevante”, cuestionó Mignaqui, que también es investigadora de a Universidad Nacional de Quilmes (UNQ).

“En de los ingresos que se generan por la extracción de litio, una parte importante es el beneficio neto que va hacia los accionistas, que son los que ponen la inversión para desarrollo el emprendimiento extractivo. Hay otra parte importante que tiene que ver con impuestos nacionales y coparticipables, aproximadamente un 30%. Y hay una línea despreciable que tiene que ver con los programas de responsabilidad social corporativa con las comunidades originarias”, explicó Mignaqui, y agregó que las regalías provinciales también son muy pequeñas.

Además, la especialista advirtió que muchos informes de las empresas se refieren al desarrollo de proveedores locales, pero que los más importantes (que son los de reactivos, por ejemplo) son empresas multinacionales. Si bien la mano de obra que requiere esta industria es relevante en la región, se trata de pocos puestos de trabajo que en general ocupan personas que vienen de otras provincias o ciudades grandes, fuera de la región de explotación, destacó.

“En cuanto a política económica, si bien la legislación minera promueve el ingreso de inversiones extranjeras, hay muy pocas políticas de vinculación y desarrollo que impliquen un agregado de valor local e integración con el sistema nacional de innovaciones científicas. En políticas ambientales, existe un marco regulatorio pero hay poca implementación en cuanto a un manejo integral de las cuencas hídricas y la mayoría de los datos disponibles sobre gestión del agua, monitoreos e indicadores ambientales provienen de las propias empresas. En cuanto a políticas sociales, si bien existe un marco normativo, la aplicación es dudosa ya que muchas de las comunidades que viven en la zona están en conflicto por cómo se implementa la consulta previa, libre e informada”, sintetizó Mignaqui.

La investigadora planteó varias preguntas con respecto a la explotación del litio: “La extracción del litio aporta muy poco al desarrollo regional. Eso nos lleva a preguntarnos varias cosas: ¿Por qué hacer una zona de sacrificio ambiental y no controlar correctamente las operaciones, teniendo una legislación que lo permitiría? ¿Por qué no garantizar las condiciones para el desarrollo regional con planes monitoreados, transparentes y con objetivos claros? ¡por qué no mejorar la vinculación con el sistema científico nacional, que es muy poca?”.

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