Eucaliptos y acacias para el ambiente y la productividad

Investigadores de distintas disciplinas e instituciones públicas generarán una plataforma para la multplicación de especies forestales que podrían ayudar a mejorar los suelos y el ambiente en el noroeste de la provincia de Buenos Aires. El proyecto también busca promover prácticas más sustentables en ganadería y apicultura.

Por Vanina Lombardi  
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Agencia TSS – Frente a condiciones climáticas y ciertas características de los suelos que muchas veces dificultan la productividad en el noroeste bonaerense, un grupo interdisciplinario de investigadores, compuesto por una decena de especialistas en distintas áreas como Biología, Biotecnología Vegetal, Ingeniería Forestal y Agronomía, desarrollarán una plataforma de micropropagación de ciertas especies de árboles forestales, con el objetivo de que, a futuro, permitan mejorar las condiciones de los suelos y el ambiente, para promover y mejorar el desarrollo de ciertas practicas productivas como la ganadería y la apicultura.

La micropropagación consiste en el cultivo in vitro de una especie vegetal, en condiciones controladas de temperatura y luz, en un medio de cultivo que satisfaga sus requerimientos nutricionales y  en condiciones de esterilidad. “Esta estrategia permite multiplicar las variedades seleccionadas y presenta una serie de ventajas, como la obtención de un gran número de individuos en tiempos cortos y espacio reducido, la obtención de plantas libre de patógenos y la protección de especies en riesgo o de difícil propagación”, subraya la investigadora María Perassolo, del instituto Nanobiotec de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y afirma que la intención es reproducir estas variedades forestales en escala y de forma controlada.

“Una vez que el material vegetal se ha micropropagado, tengo que poder sacarlo de ese ambiente controlado y llevarlo de in vitro a tierra, en una etapa que se llama de rusticación, que se hace paulatinamente, para que la planta empiece a generar cutícula para pasar de estar un frasco a estar en un ambiente, y después sí se lleva a un invernadero”, detalla Perassolo, que se ha especializado en biotecnología vegetal.

Ensayo de progenies ( HSP) de E benthamii, que pueden soportar bajas temperaturas. Foto: IBR-INTA

Para este proyecto en particular, se seleccionaron tres especies de Eucalyptus y una de Acacia Blanca, que pueden adaptarse a las características climáticas de la zona. En detalle, las especies de eucalyptus elegidas fueron la denominada E. camaldulensis Dehn., que es tolerante a la sequía y a regímenes de precipitación amplios, y la E. viminalis Labill. Y la E. benthamii Maiden et Cambage, que pueden soportar bajas temperaturas y cuya micropropagación ha sido poco estudiada. En cuanto a la Acacia Blanca, la especie seleccionada es la Robinia pseudoacacia L, que suele utilizarse para restaurar la vegetación en áreas degradadas, es de rápido crecimiento y tiene la capacidad de fijar nitrógeno.

“Estas especies han sido previamente seleccionadas por su genética, que es algo en lo que vienen trabajando hace año nuestros colegas del Instituto Nacional de Tecnología Agraria (INTA), y fueron elegidas en función de las características de la madera o por su resistencia a diversas condiciones climáticas, hay especies que se adaptan al frío, o tienen buena tasa de crecimiento, lo que en general genera una madera con buena durabilidad o aplicabilidad”, explica Perassolo, y afirma que la intención es reproducir estas variedades forestales en escala y de forma controlada.

“Estos árboles también podrían tener una aplicación comercial, para papel o madera, por ejemplo; la idea es que pueda haber ganadería, madera y apicultura, todo en el mismo ecosistema”, dice la investigadora, y agrega que, como se trata de un desarrollo combinado, ofrece “muchos beneficios”. Por ejemplo, estas plantaciones también tienen la capacidad de mitigar el impacto de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y metano que se producen en los distintos ecosistemas productivos, ya que las plantas pueden fijar el CO2 y transformarlo en oxígeno mediante la fotosíntesis. Asmismo, contribuyen a la biodiversidad de los suelos, los hacen más nutritivos y reducen su desgaste.

«Además, los antecedentes en el desarrollo de protocolos para las especies E benthamii y E viminalis son escasos; por eso, los resultados que se obtengan en este proyecto proyecto tendrán un impacto mas allá de la región del noroeste bonaerense», agrega el ingeniero forestal Pablo Pathauer, que es parte de este proyecto y coordina el programa de mejoramiento genético de Eucaliptus templados en INTA para la región pampeana.

Cultivos in vitro de especies vegetales. Foto: Grupo de Biotecnología Vegetal, Instituto NANOBIOTEC UBA-CONICET

Para avanzar en este proyecto, dirigido por la investigadora Virginia Pasquinelli, de la Universidad Nacional del Noroeste Bonaerense (UNNOBA), y compuesto por especialistas de esa misma institución, de distintas dependencias y estaciones experimentales de INTA en la provincia de Buenos Aires (como las de Junín, 9 de Julio y Pergamino), y de la UBA, el grupo de trabajo obtuvo un financiamiento de $1.250.000, otorgado por la Comisión de Investigaciones Científicas, a través de la convocatoria Red de Investigación y Desarrollo en Ejes Estratégicos de la Provincia de Buenos Aires (RIDEE–PBA).

Se trata de un proyecto a cinco años, con varias etapas de trabajo. Inicialmente trabajarán en la definición de los protocolos de micropropagación de estas especies y, a futuro, esperan poder hacer pruebas a campo en la chacra experimental de Rojas, del Ministerio de Desarrollo Agrario de la provincia de Buenos Aires. Recién entonces, se podrá comenzar a pensar en transferir esta tecnología a los productores de la zona, luego de la inscripción del material de plantación de variedades seleccionadas en Registro Nacional de Comercio y Fiscalización de Semillas (RNCYFS) del Instituto Nacional de Semillas (INASE).

“El tema de las plantas es que tienen su tiempo, si bien uno dice que micropropagar es rápido, establecer las condiciones no; es más rápido que plantar el árbol y esperar a que crezca, pero tiene varias etapas porque estamos trabajando con especies de las que se conoce un poco más sobre cómo micropropagar y con especies de las que se conoce menos, y eso puede ser un universo de cosas que funcionen para una especie y para otra no”, aclara Perassolo y destaca que a futuro esta plataforma puede abrir “un montón de puertas”.

La E. viminalis Labill es otra de las especies de eucaliptus seleccionada para el proyecto. Foto: IBR-INTA

A escala productiva, por ejemplo, además de que podría facilitar el establecimiento de sistemas silvo-apícola-pastoriles que combinen producción de madera, miel y forraje en un mismo ambiente, también permitiría contar con material de plantación disponible para su transferencia al circuito productivo, lo que podría facilitar el desarrollo de proyectos locales, tanto para bienestar animal como cortinas y montes para frenar la deriva de los agroquímicos que se utilicen en áreas periurbanas. Además, se podrán transferir estas técnicas de propagación a los viveros locales, para mejorar a calidad y disponibilidad de estas especies.

“Las plantas tienen algo hermoso que es todo lo que nos pueden brindar, y la parte de micropropagar nos permite conservar el recurso, pero lo más desafiante es que no todo lo que se aplica a una especie se aplica a otra, por más que esté totalmente relacionada, con en el caso de los eucaliptus”, subraya Perassolo, y concluye: “Es un desafío llegar a estos protocolos, con plantas que son más fáciles y otras que han sido más difíciles de propagar, y celebro poder hacerlo con este grupo de colegas, que venimos de campos distintos y con quienes no todos nos conocíamos, pero que todos tenemos muchas ganas de trabajar y de hacerlo en conjunto para llegar a esto que puede tener una aplicación relativamente inmediata”.

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