Energía de bacterias patagónicas

En la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco investigan sobre la capacidad de bacterias locales para producir y convertir productos de la industria en distintos aceites. Los investigadores desarrollaron procesos que podrían transferirse a empresas para los residuos de la producción de la industria de quesos, jugos de fruta, aceite de oliva y biodiesel.

Por Matías Alonso  
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Agencia TSS – La meseta patagónica puede parecer un desierto en el que animales y plantas no abundan, pero lo cierto es que tiene una gran diversidad microbiana. Dentro del género de bacterias Rhodococcus, que se pueden encontrar en sus suelos semiáridos, hay cepas que tienen la capacidad de producir triglicéridos, aceites que pueden usarse para producir biodiesel, en alimentación animal y en la industria cosmética. Todo dependerá de la composición química del aceite, lo que a su vez dependerá de la composición del sustrato que éstas procesen.

Este tipo de bacterias son muy robustas y resistentes a los cambios externos, y tienen una tasa de reproducción muy rápida. Además, la producción de aceite es mucho más rápida que en los ciclos de producción de aceites vegetales, y las bacterias se pueden modificar genéticamente con mayor facilidad y son de manipulación relativamente simple en el laboratorio.

Héctor Álvarez, director del Centro Regional de Investigación y Desarrollo Científico y Tecnológico de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNP), en Comodoro Rivadavia, Chubut, le dijo a TSS: “El proyecto surgió de una beca para hacer mi doctorado en Alemania, adonde aislé por primer vez un microrganismo que producía aceite. Cuando volví a Comodoro Rivadavia abrimos esa línea de investigación y hace más de 20 años que venimos trabajando en esto. Cuando empezamos, nadie podía pensar que en algún momento los aceites bacterianos podrían llegar a competir con los de origen vegetal. Sin embargo, el mundo fue cambiando y se empezó a hablar más de los biocombustibles, de la captura de dióxido de carbono, del cambio climático y todo eso llevó a que estas tecnologías cobraran importancia”.

Los mejores resultados del equipo que dirige Álvarez se encontraron alimentando a las bacterias con suero lácteo –un residuo de la industria de quesos–, con residuos de la producción de jugos de frutas, con la glicerina que se genera como residuo de la producción de biodiesel y con residuos que se generan en la producción de aceite de oliva.

Actualmente, un grupo de diez científicos y científicas del Instituto de Biociencias de la Patagonia (INBIOP) se encuentran estudiando mecanismos bacteriales para poder producir aceites y en las estrategias para poder optimizar el proceso y su adaptación para digerir distintos tipos de residuos industriales. “Lo que tenemos es una cierta cantidad de cepas bacterianas que tienen la capacidad de producir y convertir buenas cantidades de productos y residuos industriales en distintos aceites. Es casi un proyecto llave en mano: para cada residuo está su bacteria adecuada. Otro aspecto en el que estuvimos trabajando es en la puesta a punto, a escala de laboratorio, de un proceso de conversión de los residuos del suero lácteo, de los jugos de fruta, del aceite de oliva y del biodiesel. A priori, tienen un buen rendimiento y esos procesos están patentados”, explicó Álvarez.

Un grupo de diez científicos y científicas del Instituto de Biociencias de la Patagonia (INBIOP) se encuentran estudiando los mecanismos bacteriales para poder producir aceites y en las estrategias para poder optimizar el proceso y su adaptación para digerir distintos tipos de residuos industriales.

De momento, el proceso sigue haciéndose a escala laboratorio aunque están en conversaciones con el sector privado para hacerlo a mayor escala. “En el laboratorio hacemos trabajos fundamentales, ciencia básica para conocer los fundamentos y qué tipo de procesos intervienen. Hacemos estudios genómicos, proteómicos y también de ingeniería genética para conocer mejor la fisiología y la biología molecular de los microorganísmos, para obtener estrategias de mejoras para cada tipo de residuos o situaciones”. El paso siguiente consiste en hacer el escalado del proceso para procesar cantidades industriales de residuos y están trabajando para hacer convenios con empresas interesadas.

El financiamiento del proyecto proviene de la UNP, del CONICET, y de aportes que hace la Agencia I+D+i. Además, su laboratorio está emplazado en el Parque Tecnológico de Comodoro Rivadavia, que depende del municipio. Comodoro Rivadavia está en el medio de una de las cuencas petrolíferas más grandes del país, la industria petrolera es la actividad principal de la región y también aporta fondos para la investigación. Según Álvarez, “en los últimos años se viene buscando la manera de que la actividad económica de la ciudad no esté vinculada solamente a la actividad extractiva, sino también a una producción de tecnología que a veces es potenciada justamente por el funcionamiento de la industria petrolera. Acá hay muchas empresas, no solo las operadoras grandes que hacen la extracción de petróleo, sino también las pymes que les dan apoyo, como las metalúrgicas. En esta región de la Patagonia tenemos una diversidad microbiana, ya sean microalgas, microoganismos, bacterias u hongos, que pueden ser muy raras y de mucho valor biotecnológico”.

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