El Tronador II vuelve a despegar

El Gobierno se comprometió con la CONAE para financiar con 9730 millones de pesos el desarrollo de un vehículo de acceso al espacio y darle continuidad a la segunda etapa del proyecto Tronador. Está previsto fabricar dos prototipos y el objetivo final es contar para 2030 con un lanzador satelital capaz de alcanzar órbitas de hasta 600 kilómetros de altura.

Por Matías Alonso  
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Agencia TSS — Durante un acto en el Centro Espacial Teófilo Tabanera (CETT), el lugar desde donde se hace el monitoreo de las misiones de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), el pasado 3 de octubre El Estado argentino se comprometió con este organismo a financiar con 9730 millones de pesos el proyecto de desarrollo de un vehículo de acceso al espacio para el lanzamiento de cargas satelitales.

El Tronador II contará con dos prototipos: Tronador II 70, que servirá para probar el motor de la segunda etapa de vuelo y se lanzará en 2026, y el Tronador II 150, que probará un motor de la primera etapa de vuelo y se lanzará en 2028. El objetivo final, fijado para el año 2030, es el lanzamiento del Tronador II 250, un vehículo espacial que contará con tres motores en la primera etapa y uno en la segunda, y que podrá alcanzar órbitas de hasta 600 kilómetros de altura para lanzar cargas satelitales de de entre 500 y 750 kilos. Los números 70, 150 y 250 se refieren al diámetro de los vehículos.

Del acto realizado en Falda del Cañete, en la provincia de Córdoba, participaron el presidente Alberto Fernández, el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Daniel Filmus, el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, y el director Ejecutivo y Técnico de la CONAE, Raúl Kulichevsky, entre otros.

El contrato tiene una duración de 24 meses, por lo que involucrará también al próximo Gobierno. La inversión comprometida será destinada al desarrollo del primer prototipo, el Tronador II 70, y a la continuidad del Proyecto Inyector Satelital Para Cargas Útiles Livianas (ISCUL) con su infraestructura auxiliar prioritaria. El gerente de Acceso al Espacio de la CONAE, Daniel Rocca, le dijo a TSS: “Se está llevando a cabo una gestión de alto nivel para que sea una política de Estado y en el Congreso se está trabajando en el mismo sentido. Desde nuestro lugar intentamos que el proyecto tenga resultados concretos, visibles, que lo hagan sostenerse por sí mismo”.

El acto se realizó en el Centro Espacial Teófilo Tabanera (CETT), en Córdoba, el lugar desde donde se hace el monitoreo de las misiones de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). Foto: CONAE.

En el caso de los dos primeros prototipos, los lanzamientos se harán desde el Centro Espacial de Pipinas, y el del Tronador II 250 desde la base de lanzamiento de Bahía Blanca. “No se centralizan los lanzamientos porque son de diferentes aplicaciones y cada una tiene su razón de ser”, explicó Rocca. Y agregó: “No son dos bases de lanzamientos idénticas. La de Pipinas es una base pequeña, con el objeto de hacer pruebas experimentales o tecnológicas de bajo porte y de corto alcance. No es un puerto espacial de carácter para hacer un lanzamiento orbital, para lo que se necesita una cierta posición geográfica y que esté aislada de la población, condiciones que se cumplen en Bahía Blanca. Si uno ve la trayectoria hacia el Polo Sur, que es la órbita mayoritariamente utilizada para la observación de la Tierra, la costa argentina se va alejando de esa trayectoria dejando un punto posible de impacto libre de población, lo que implica que el riesgo sea muy bajo y eso lo hace un buen lugar”.

El Tronador II 70 probará un motor de tres toneladas de empuje, debería alcanzar unos 100 kilómetros de altura y experimentar microgravedad. Tendrá turbo-bombas para poder impulsar el oxígeno líquido y el kerosene hacia el motor en forma rápida y controlada.

El Tronador II 150 llegará a la misma altura con un motor de 30 toneladas de empuje, también alimentado por turbo-bombas. De esta manera, se dejarán de lado las electrobombas usadas en los VEX lanzados anteriormente y se desarrollará una nueva tecnología. Los primeros VEX usaban hidracina como combustible, ya que se la pensaba la mejor opción para impulsar la segunda etapa, pero también se optó por dejarla de lado y usar ambas etapas con kerosene.

“En motores de hidracina se llegó hasta un punto de evolución y se hizo un análisis de propelentes, emisión y posibles nichos de mercado para ser competitivos a futuro y poder dar servicios a terceros ademas de nuestras misiones. Lo que encontramos es que el desarrollo de hidracina, si bien había avanzado a la par del desarrollo de oxígeno líquido y el kerosene, resultó mucho más rápido y barato avanzar en oxígeno líquido y kerosene en la parte alta. Por lo tanto, por razones económicas y de análisis de riesgos, fue preferible unificar la tecnología y simplificar el desarrollo para bajar el costo. La hidracina, si bien es una tecnología muy reconocida en el mundo, tiene costos y riesgos más altos para el programa. Hemos unificado y simplificado la necesidad de instalaciones en la base de lanzamiento, lo cual también disminuye la inversión necesaria”.

El ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Daniel Filmus, y director Ejecutivo y Técnico de la CONAE, Raúl Kulichevsky, durante el acto realizado en el CETT. Foto: CONAE.

En la firma, que involucró a la empresa VENG –principal contratista del proyecto– y también a FADEA, estuvieron presentes Marcos Actis y Mirta Iriondo, titulares de esas firmas. Actualmente, en el proyecto trabajan 116 profesionales de la CONAE y de VENG y, en esta nueva etapa, se generarán 300 empleos indirectos. Del proyecto también participan otras empresas del sector, como INVAP y Valthe, e instituciones públicas como la Universidad Nacional de la Plata (UNLP) y la Universidad Nacional de Mar del Plata.

En el caso de FADEA, la empresa estatal se encarga de la fabricación de los casquetes de los tanques de combustible del Tronador II 250. Son tanques con un diámetro de dos metros y medio y cuyos gajos son de una aleación especial de aluminio 2219 con base de cobre,  que solo se usa en la industria aeroespacial y militar, que deben tener una metrología muy específica y controlada ya que luego son soldados en Pipinas con una máquina de soldadura por fricción en frío y, al no tener aporte de material, la junta deber estar construida con alta precisión.

El proyecto tiene la impronta de hacer todo lo que se pueda en el ámbito local para poder contar con un producto que no pueda ser limitado por proveedores extranjeros. “En su mayoría, lo que importamos son componentes y materia prima, como chapas de aluminio. Los diseños de propulsión son nuestros y los ensayos y bancos de ensayos también son diseños locales. Todo lo que son insumos están resueltos con la industria nacional y acá no no se hace una inversión adicional de no ser necesario. En el caso de la chapa 2219 que utilizamos, hemos hecho el desarrollo local de la aleación, pero para llevar ese desarrollo a una etapa de producción hay que instalar un tren de laminado específico, y hay que conseguir una demanda para justificar eso. No vale la pena hacer una inversión excesiva para una producción local de baja escala”, dijo Rocca. Hasta componentes como el sensor GPS de guiado y control, un insumo central y muy complejo, ha sido diseñado en conjunto con la UNLP.

“Ningún país tiene un lanzador en poco tiempo y es muy selecto el grupo de países que lo tienen por su dificultad, más allá de los recursos. Tenemos conciencia de la inversión que hace el Estado, pero también es algo muy valioso y hay que reconocer los aportes que estos proyectos generan. Desde los recursos humanos especializados, que no es fácil obtenerlos, hasta el conocimiento y el derrame que se genera a nivel de capacidades, tecnología y materiales hacia otras empresas. Esto termina generando otros resultados en la matriz socioeconómica, aportando al bienestar, la producción y el trabajo. Es un ciclo virtuoso que tiene que ver con la economía del conocimiento, que es la otra pata que la Argentina necesita potenciar”, concluyó Rocca.

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