Un estudio satelital del INTA muestra que los incendios multiplican por tres la velocidad con la que el bosque cambia de uso en todo el país y casi por cinco en la provincia de Salta. Los investigadores aclaran que los datos muestran una asociación pero no permiten demostrar que los incendios hayan sido provocados para desmontar.
Agencia TSS – ¿Qué hay detrás de muchos incendios que ocurren en distintas provincias del país? ¿Qué pasa después de que se quema un terreno? ¿Cuáles son los procesos de cambio en el uso del suelo relacionados con el fuego? Nicolás Mari, investigador de la Agencia de Extensión Rural del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) en Cruz del Eje, Córdoba, lleva años detrás de esas preguntas. El proyecto se basa en un trabajo científico de décadas, pero las preguntas partieron de un pedido específico del periodista Lucas Viano para el equipo de la Red Ruido. El objetivo fue reconstruir, a partir de imágenes satelitales, qué ocurre con los territorios que se incendian: cuánto tiempo permanecen como bosque, cuándo cambian de uso y qué tan frecuente es que el fuego anteceda a procesos de desmonte.
“Queríamos saber hacia dónde van los cambios; si el bosque renace, si van hacia la agricultura, hacia la ganadería o si, en realidad, no cambia el uso del suelo pero se degrada tanto que pierde su función original”, sintetiza Mari. Para lograrlo, los científicos sabían que no podían conformarse con una fotografía del momento. Necesitaban un recorte de datos lo suficientemente largo para entender los impactos del fuego en el tiempo. Para eso eligieron una ventana temporal de veinte años. Analizaron los incendios ocurridos entre 2004 y 2014 y luego siguieron la evolución de esos mismos lugares hasta 2024, para observar qué había ocurrido con ellos.
Llevar el proyecto adelante requirió de dos fuentes de información complementarias. Por un lado, MapBiomas Argentina, una iniciativa que utiliza inteligencia artificial para analizar décadas de imágenes satelitales y reconstruir cómo cambia el uso del suelo año tras año. Por otro, los satélites Terra y Aqua, que recorren el planeta dos veces por día y cuyos registros son procesados por el INTA a través del Sistema de Información y Alerta Agroambiental (SEPA). La combinación de ambas herramientas permitió seguir la historia de cada incendio y observar qué ocurría con esos territorios muchos años después.

El fuego no siempre desmonta pero deja huellas
Deforestar (o desmontar, como se dice en la Argentina) es cambiar de identidad. Se retira la cobertura de bosque o monte y se la reemplaza por otro uso. El suelo cambia de dueño, de función y de categoría. En las imágenes satelitales que procesa el INTA, el verde oscuro del monte desaparece. En cambio, la degradación no borra la cobertura y el bosque sigue apareciendo en el mapa, como si nada hubiera pasado. Pero, en el terreno, el ecosistema perdió sus signos vitales.
Esto último es lo que encontró el equipo en Córdoba, la provincia donde vive y trabaja Mari. En la ventana temporal analizada, la provincia no registró cambios de uso del suelo después de los incendios. Pero el fuego arrasa el sotobosque (los arbustos de abajo), quema la corteza de los árboles grandes y destruye el hábitat de las especies que viven ahí. Así, el territorio pierde su capacidad de retener el agua de lluvia, la tierra se erosiona y la biodiversidad no vuelve a ser la misma: “Los bosques que se queman ya no tienen el mismo porte. Los árboles son más chicos y eso hace que el bosque ya no cumpla las mismas funciones”, detalla el investigador.
En el caso del norte argentino, la escena es diferente. Allí, los incendios aparecen con mucha mayor frecuencia asociados a un cambio de uso del suelo, con áreas que originalmente estaban cubiertas por bosque y terminan convertidas en superficies destinadas a la agricultura o a la ganadería. Según el estudio, Santiago del Estero concentra la mayor presión por desmonte del país: “El proceso de cambio de uso del suelo ahí es mucho más fuerte que en otras provincias”, resume Mari.
Detrás de ese patrón se encuentra el avance de la frontera agropecuaria sobre los bosques del Gran Chaco, una de las regiones forestales continuas más extensas de Sudamérica. En esos territorios, el fuego forma parte de un proceso productivo que incluye distintas formas de preparación del terreno antes de incorporarlo a las actividades agropecuarias: “Tiene relación con el proceso de mecanización. Se usan máquinas y otros métodos para lograr ese cambio de uso del suelo pero el fuego también tiene una intervención”, señala.
Sin embargo, el estudio no puede demostrar que los incendios sean provocados deliberadamente para desmontar. Lo que sí permite observar es que, cuando un área se quema, aumentan las probabilidades de que posteriormente cambie de uso. Para medir ese efecto, el equipo comparó cuánto se transforma el territorio en cada provincia con lo que ocurre específicamente dentro de las superficies afectadas por incendios. El resultado mostró que, a escala nacional, el cambio de bosque nativo hacia usos productivos es tres veces más frecuente dentro de las áreas quemadas que en el conjunto del territorio.

Salta constituye el caso más marcado. Allí, el índice muestra que el cambio de uso del suelo es casi cinco veces más frecuente dentro de las áreas quemadas que en el conjunto de la provincia. La probabilidad de que el bosque sea reemplazado por actividades productivas aumenta cuando el fuego aparece en esos territorios, respecto de lo que ocurre en el resto del paisaje. La presión responde al alto valor económico: “Hoy esos procesos están ligados al mercado. Cuando la ganadería o la soja aumentan su rentabilidad, se busca ampliar zonas para la producción”, explica Mari.
Investigadores del INTA observan que las grandes empresas compran miles de hectáreas para desmontar y recuperan rápidamente la inversión. En estos sistemas más capitalizados predominan la maquinaria pesada y las topadoras para desmontar grandes extensiones, mientras que entre productores de menor escala el fuego continúa siendo una herramienta de manejo más accesible por su bajo costo. En muchos casos, las quemas comienzan para limpiar una parcela determinada pero terminan escapando al control humano y afectan superficies mucho mayores que las previstas.
Cada provincia, una forma distinta de usar el fuego
La relación entre incendios y cambio de uso del suelo no se repite de la misma manera en todo el país. Las diferencias responden tanto a las características ecológicas de cada región como a las actividades productivas predominantes, y a los marcos regulatorios que cada provincia establece sobre el manejo de sus recursos naturales: “Cada provincia tiene una actividad económica, una cultura y una educación diferentes. Además, las provincias tienen delegadas las facultades sobre sus recursos naturales”, explica Mari.
Santa Fe es un ejemplo de esa diversidad. El estudio encontró que ahí la mayor parte de las superficies incendiadas no cambió posteriormente de uso, aunque la frecuencia de las quemas es muy alta. En zonas de humedales y pastizales, donde la vegetación se recupera rápido, el fuego sigue usándose para renovar pasturas destinadas a la ganadería: “Se quema hasta dos veces por año porque es una zona muy húmeda y el rebrote es muy rápido. Es una herramienta muy efectiva para la producción ganadera”, señala el investigador.
En este contexto, las leyes nacionales cumplen un papel central para limitar los procesos de transformación más intensivos. La Ley de Bosques, sancionada en 2007 tras décadas de avance del desmonte, estableció criterios para ordenar y proteger los bosques nativos, mientras que la Ley de Manejo del Fuego incorporó restricciones para impedir que los terrenos incendiados cambiaran rápidamente de uso: “Cambiar estas leyes o flexibilizarlas sería un retroceso en materia ambiental y podría intensificar los procesos observados en algunas regiones”, advierte Mari.

Un problema de escala regional
Aunque el trabajo se centró en la Argentina, las tendencias forman parte de un proceso que también se registra en Bolivia, Paraguay y el sur de Brasil, donde avanza la frontera agropecuaria sobre los bosques nativos. El Gran Chaco almacena grandes cantidades de carbono en sus árboles, raíces y suelos, y funciona como reservorio natural que ayuda a moderar el calentamiento global. Cuando un bosque se incendia, parte de ese carbono acumulado durante décadas vuelve rápidamente a la atmósfera en forma de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero: “El uso del fuego, además de estar asociado al cambio de uso del suelo, implica emisiones de gases de efecto invernadero. Es un proceso muy complejo y, por la escala que está alcanzando, el impacto ya tiene dimensiones globales”, resume Mari.
Parte de ese trabajo se apoya en la Red Latinoamericana de Teledetección e Incendios Forestales, que integran junto a especialistas de organismos como el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais de Brasil, la Fundación Amigos de la Naturaleza de Bolivia, la CONABIO de México y otras instituciones de Paraguay, Chile y Colombia. Todos comparten metodologías e imágenes satelitales para estudiar la dinámica de los incendios a escala continental: “Con los mismos datos puedo estudiar a la Argentina, Bolivia o Brasil. Eso nos permite comparar procesos que hoy tienen una dimensión regional”, cuenta.
Mientras el equipo avanza en nuevas investigaciones, el INTA atraviesa un proceso de reestructuración marcado por retiros voluntarios, reducción de personal y recortes presupuestarios. Según Mari, durante la última convocatoria dejaron el organismo alrededor de 900 trabajadores, entre ellos numerosos directores, jefes regionales y responsables de agencias de extensión: “Estamos con el INTA vaciado. Se fueron muchas personas que ocupaban roles clave y ahora hay una transformación muy grande. El INTA se está desmontando”, sostiene.
Para el investigador, las consecuencias alcanzan también a las líneas de trabajo históricas del organismo, que se van concentrando en determinados sectores del agronegocio a costa de la dimensión ambiental y del trabajo con la agricultura familiar. Esa situación también dificulta el trabajo cotidiano: “Hoy nos empujan a cobrar por los servicios o a que alguien nos pague el combustible para poder salir. Si no, directamente no podemos llegar a los lugares”, se lamenta.
13 jul 2026
Temas: Desmonte, Incendios, Incendios forestales, INTA, Ley de Bosques, manejo del fuego, Uso del suelo

