Microplásticos: Buscan eliminarlos del agua residual

Investigadores de la Universidad Nacional del Centro en Tandil trabajan en diversas técnicas para separar los microplásticos del agua que pasa por las plantas de tratamiento. Alertan sobre las consecuencias del uso de ropa que libera pequeñas fibras sintéticas y de plásticos de un solo uso que se van fragmentando con el tiempo.

Por Matías Alonso  
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Agencia TSS – Hace unos 70 años que los plásticos forman parte de nuestra vida cotidiana. Desde los contenedores de alimentos hasta nuestra ropa está compuesta por estos derivados del petróleo que no solo tardan cientos de miles de años en degradarse, sino que son consumidos periódicamente junto con la comida, el agua y hasta el aire que respiramos. Esto es porque el plástico se descompone en partículas muy pequeñas que son ingeridas por animales que luego consumimos. También se incorporan a ríos, mares y plantas, y se terminan acumulando en nuestro cuerpo.

Un equipo de investigadores de la Universidad Nacional del Centro (UNICEN) está trabajando en métodos para separar los microplásticos del agua servida que tiramos en los ríos luego de pasar por las plantas de tratamiento. El grupo de investigación encontró que la mayor cantidad de microplásticos se producen durante los meses de invierno debido al agua de los lavarropas, ya que se usan prendas con componentes plásticos que liberan pequeñas fibras.

Desde el año 2019, integrantes del Instituto de Física de Materiales Tandil (IFIMAT) y del Centro de Investigaciones en Física e Ingeniería del Centro de la Provincia de Buenos Aires (CIFICEN), ambos con dependencia de la UNICEN, del CONICET y la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) de la provincia de Buenos Aires, estudian las aguas del río Langueyú en la ciudad serrana bonaerense, adonde encontraron una concentración de microplásticos seis veces mayor en otoño e invierno en comparación con las temporadas más cálidas.

 

El grupo de investigación encontró que la mayor cantidad de microplásticos se producen durante los meses de invierno debido al agua de los lavarropas, ya que se usan prendas con componentes plásticos que liberan pequeñas fibras.

Los microplásticos que buscan atrapar tienen entre un 5 milímetros y un micrón (milésima parte de un milímetro). La mayoría de ellos son casi imposibles de ver a simple vista pero no son inofensivos. Para sacarlos del agua están probando la efectividad de dos técnicas diferentes. Por un lado, se busca que las partículas se junten entre ellas mediante la electrocoagulación y decanten al fondo de los tanques, adonde luego pueden ser eliminadas más fácilmente. En la electrocoagulación se usa electricidad más iones de aluminio que se adhieren a los microplásticos y así sedimentan al fondo del tanque. Sin embargo, se trata de un proceso complejo de trasladar de la escala de laboratorio al ambiente. La otra técnica utiliza carbón activado y magnetizado en el agua, y así se juntan las partículas con el carbón y luego son extraídas con un imán.

Susana Montecinos, investigadora del IFIMAT y el CIFICEN, le dijo a TSS: “Limpiar el arroyo es muy complejo y por eso queremos añadirle una etapa a la planta de tratamiento para poder evitar el vertido de microplásticos en el ambiente. En el laboratorio hemos tenido una eficiencia del 90% de eliminación, especialmente con el carbón activado, y ahora estamos en la etapa de cambiar las condiciones para poder aplicarlo al tratamiento del agua en la planta”.

En la Argentina, los procesos de tratamiento de agua no tienen la capacidad de poder separar las microfibras antes de liberar el líquido al ambiente, mientras que en algunos países europeos sí se están aplicando etapas de separación de microplásticos. Y, a nivel domiciliario, hoy no hay filtros que estén disponibles comercialmente para que la gente pueda retener los microplásticos en su casa en el agua que generan los lavarropas, para evitar que se liberen al ambiente.

 

El plástico se descompone en partículas muy pequeñas que son ingeridas por animales que luego consumimos. También se incorporan a ríos, mares y plantas, y se terminan acumulando en nuestro cuerpo.

El proyecto de la UNICEN tuvo financiamiento del programa PICT de la Agencia I+D+i y de un “Ideas Proyecto” de la CIC de la provincia de Buenos Aires. Ambos ya están por terminarse, por lo que están postulando a todas las opciones de financiación posibles para poder mantener la investigación activa. “En los últimos años conseguimos algo pero los montos son bastante menores a lo que solían ser. El PICT se cortó a la mitad y este año nos dieron la mitad de eso. Y la cantidad de becas son mucho menores, por lo que es difícil conseguir becarios”, dijo la investigadora.

Este grupo de investigación también estudió el agua del Lago del Fuerte, del centro de la ciudad de Tandil, un lugar muy turístico, en donde no entra el agua de las plantas de tratamiento pero donde también detectaron una cantidad importante de microplásticos. En este caso, esto se debía a que allí caían plásticos de un solo uso de mayor tamaño pero que se iban fragmentando con el tiempo. “En ambos casos, lavarropas y plásticos de un solo uso, hace falta una mayor concientización de la población sobre el uso de plásticos y su descarte porque muchas veces la gente no sabe que esa bolsa que tira después se convierte en un montón de microplásticos que daña a mucha fauna y que volvemos a consumir nosotros”, advirtió Montecinos.

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