Metales sin cianuro

Científicos del CONICET, la CIC y la Universidad Nacional de La Plata trabajan en el reemplazo del cianuro en la galvanoplastia, un proceso que se utiliza para el acabado de piezas metálicas. Se trata de un componente tóxico que podría sustituirse con otro inocuo para la salud y el ambiente.

Por Matías Alonso  
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Agencia TSS – La mayoría de los objetos de metal que manipulamos diariamente están recubiertos de una fina capa de otros metales para embellecerlos. Las canillas, herrajes, medallas, y demás objetos suelen estar cromados para que tengan un acabado brillante y liso, y eso se logra a partir de la galvanoplastía, un proceso que en el recubrimiento de cobre suele emplear cianuro, un elemento muy conocido por su toxicidad y que ha generado muchos accidentes en la industria, especialmente cuando es mal manipulado.

En 1993, una empresa de Avellaneda, en la provincia de Buenos Aires, vertió cianuro en la cañería. Su reacción con elementos ácidos presentes allí generó ácido cianhídrico que mató al instante a siete personas que respiraron el gas que salía de las rejillas. Por este caso, el 27 de septiembre es el día nacional de la Conciencia Ambiental.

El uso de cianuro tiene regulaciones muy importantes debido a su peligrosidad. En condiciones normales de uso no genera problemas pero al mezclarse con elementos ácidos se vuelve un gas que es fatal con solo unas pocas inhalaciones. Inflama las mucosas, los pulmones y bloquea la respiración celular. Con el objetivo de evitar estos riesgos, científicos del CONICET trabajan para reemplazar el cianuro en la galvanoplastía por glutamato monosódico (aijnomoto, por su nombre comercial), una sal inocua que en diversas pruebas logró el mismo resultado que el cianuro sobre los metales.

Paola Pary opera el equipo con el que esperan poder estudiar a fondo las fallas del proceso para poder perfeccionarlo. Foto: CONICET.

La galvanoplastía es una técnica que funciona sumergiendo dos metales en un electrolito con base de cianuro, y aplicando una corriente eléctrica con el terminal positivo en uno de los metales y el negativo en el otro. Esto hace que iones del primer metal, generalmente cromo, zinc, níquel o cobre, se adhieran a la superficie del otro metal, dando el acabado brillante. Este proceso se hace tanto en instalaciones muy grandes como en pequeños talleres metalúrgicos de barrio.

El doctor en Química Walter Egli, investigador de la CIC de la Provincia de Buenos Aires en el Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnología de Pinturas (CIDEPINT), que depende también del CONICET y la UNLP, le dijo a TSS que “con este método que estamos desarrollando se pueden usar los mismos equipos, así que lo pueden seguir usando los mismos talleres de siempre, solo se cambia la solución electrolítica”.

El proyecto de investigación está asociado con una empresa privada que vende insumos para galvanoplastía (Proquigal), que provee insumos al proyecto y también genera el contacto con clientes para que se puedan hacer las pruebas del proceso en talleres de diversos tamaños.

En sus inicios, el proyecto fue financiado con un PICT Startup de la Agencia I+D+i pero hoy esas lineas de financiamiento han desaparecido, por lo que se sostiene con recursos del Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA), que son más modestos. En este caso, recibió unos 40 millones de pesos para la compra de un equipo de electrodo de disco y anillo rotante para el CIDEPINT, para estudiar los mecanismos de reacción y analizar qué sucede cuando se deposita el cobre sobre la pieza a tratar, las diferencias entre usar un electrolito con cianuro o con ajinomoto y cómo mejorar la adherencia, algo sobre lo que están trabajando todavía.

De izq. a der.: Paola Pary, Pablo Seré y Walter Egli, responsables del proyecto.Foto: CONICET.

Gracias a que el CIDEPINT da servicios a empresas, cuenta con algo más de autofinanciamiento que otros centros de investigación. Sin embargo, se limitó la compra de equipos de gran porte y también dejó de ingresar personal. “Entre los que se jubilan, los investigadores que estaban iniciando su carrera y no le salen los cargos de CONICET y se van, se complica mucho para poder mantener funcionando la investigación. Nosotros nos nutrimos mucho de los egresados de Ingeniería Química, que tienen demanda del sector privado y la diferencia de sueldos con nosotros es muy grande. Hasta el año pasado, también trabajaba con nosotros el doctor Leandro Bengoa pero consigió trabajo en Barcelona y se tuvo que ir. Es una persona que se formó muchos años acá y lo perdimos”, se lamentó Egli, que trabaja actualmente en este proyecto con dos profesionales que integran el área de galvanoplastía y siderurgia del CIDEPINT, la doctora Paola Pary y el ingeniero Pablo Seré. El proceso fue patentado a nivel nacional cuando se advirtió su potencial a escala laboratorio y esa protección de la propiedad intelectual sigue activa.

“Tenemos un apoyo grande del sector privado a través de Proquigal, que nos provee insumos, infraestructura y contacto con clientes. Pero la verdad es que para los talleres chicos esto no es una inversión que puedan hacer y su negocio es otro. Esto que hacemos es una ayuda para los que trabajan en las plantas y para el ciudado del ambiente, por eso es importante que el área científica estatal pueda hacer un aporte, una mejora que es para toda la sociedad”, explicó Egli.

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