Gabriela Wyczykier: “Argentina está en una fiesta de extracción”

¿Qué implican los megaproyectos de hidrocarburos no convencionales en Vaca Muerta y la expansión de la frontera hacia el Mar Argentino? ¿Por qué algunos sectores celebran mientras aumentan las resistencias en los territorios y la preocupación por su impacto climático y ambiental? TSS habló con Gabriela Wyczykier, quien junto con su colega Juan Acacio acaban de publicar un libro que indaga sobre estos y otros interrogantes relacionados con la explotación de recursos naturales.

Vanina Lombardi  
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Agencia TSS – ¿Qué rol cumple Vaca Muerta en la producción energética a nivel global? ¿Qué proyecciones tiene el fracking y por qué fue prohibido en tantos lugares mientras que en la Argentina se celebra? ¿Cuáles son las voces en torno a los modos de extracción de hidrocarburos? ¿Por qué hay resistencias a la ampliación de la frontera fósil hacia el territorio oceánico? ¿Qué sectores y discursos apoyan estos procesos? Esas son algunas de las preguntas que abordan Gabriela Wyczykier y Juan Antonio Acacio (junto a ella en la foto) en su nuevo libro, El latido del subsuelo, consensos y resistencias desde Vaca Muerta hasta el Mar Argentino, que analiza el megaproyecto energético basado en el fracking y la expansión de la frontera fósil, examina las tensiones sociales y los conflictos territoriales derivados de esta explotación en Vaca Muerta y la costa argentina, y cuestiona la visión de los gobiernos que presentan la expansión hidrocarburífera como la única salida, analizando las falsas promesas de desarrollo.

“En el contexto climático actual, en el que hay que dejar de consumir y producir energía fósil tal como se está haciendo, la Argentina sigue apostando a la producción hidrocarburífera fósil. Por eso, creemos que interrogar a Vaca Muerta en la actualidad cobra una relevancia que en otro momento histórico no habría tenido, y esto atraviesa un poco los distintos capítulos que escribimos en el libro”, afirma Wyczykier en diálogo con TSS, que conversó con la autora sobre los interrogantes y las distintas complejidades que abordan en este trabajo, recientemente publicado por Editorial Prometeo y presentado este miércoles 13 de mayo en el CEDINCI.

Wyczykier es socióloga y doctora en Ciencias Sociales. Actualmente se desempeña como investigadora del CONICET y de la Universidad Nacional de General Sarmiento, adonde también es docente. Allí dirige proyectos de investigación que analizan la problemática energética, las lógicas extractivas y las disputas sociales en la era de la aceleración del cambio climático y la crisis socioecológica, considerando actores, escenarios, dilemas ambientales y conflictos en la Argentina actual. A lo largo de su trayectoria, ha escrito diversos trabajos académicos en torno a la problemática de la producción de hidrocarburos no convencionales, el hidrógeno verde, en relación con actores y disputas sindicales y sobre el mundo del trabajo.

El libro recopila algunos de sus trabajos previos, junto al de Acacio, que también es sociólogo especializado en estas temáticas. ¿Cómo surgió la idea de esta publicación?

La idea de escribir este libro con Juan Acacio surgió en el marco de una investigación que llevamos adelante desde hace seis años, reúne indagaciones que fuimos produciendo desde el año 2019. Hemos hecho algunos viajes de campo a Neuquén y al Golfo San Matías, por ejemplo, y nos parecía que nuestros estudios y artículos ameritaban la posibilidad de escribir un libro que conjugara distintas dimensiones para pensar la problemática. Además, nos parecía que un libro podía tener un impacto distinto y llegar a un público diferente al de los artículos académicos, y así contribuir con las voces de la resistencia, que a veces no están tan visibilizadas.

¿Cuál considera que es el aporte diferencial de esta obra?

Hay muchas investigaciones sobre Vaca Muerta. Nuestro aporte es pensarla a partir de las distintas aristas que pueden componer este fenómeno. Muchas veces, la energía es pensada desde una única perspectiva, económica, tecnológica, ambiental o territorial, por ejemplo, pero nosotros consideramos que trabajar sobre distintas dimensiones en conjunto y de manera articulada podía hacer un aporte diferencial para pensar esta temática.

¿Hay alguna idea o hipótesis que se desplace por todas esas dimensiones?

Una hipótesis que presentamos en el libro, que se nutre de otras discusiones y trabajos previos de otrxs autorxs que son pioneros en este tema, es la de considerar a la energía como una mercancía, desde una perspectiva sociológica. Es decir, una mercancía en tanto relación social. En ese sentido, entendemos a la energía como una mercancía muy disputada en el capitalismo, con la que algunos sectores concentran y ganan mucho dinero explotándola mientras que otros sectores se ven afectados por este proceso extractivo. Y lo que nosotros advertimos es que hay un consenso hegemónico alrededor de la producción de energía, desde la perspectiva fosilista.

¿Podría ampliar en qué consiste esa perspectiva fosilista?

Claro. Hay un consenso político, económico y societario respecto de que la energía tiene que ser extraída, explotada y consumida porque sin energía no podemos vivir, esta sociedad requiere energía para poder reproducir sus condiciones de existencia y su aparato productivo. Así, Vaca Muerta se inserta en un país que es fosilista desde hace prácticamente un siglo: no solo tenemos recursos para explotar, sino que también hay una concepción cultural y política respecto de que la Argentina es un país hidrocarburífero. Y entonces hay un consenso que atraviesa a toda la sociedad y los distintos grupos sociales respecto de que hay que extraer esta energía porque la necesitamos, ya sea para nuestra autonomía energética como para poder exportarla y que esto se convierta en un esquema de negocio que aumente nuestras reservas de dólares.

Pero todo consenso implica resistencias.

Exacto. Están los sectores y grupos sociales que se oponen a este proceso, disponiendo otra manera de apreciar la relación naturaleza-sociedad, enfocándose y proponiendo otro modelo de desarrollo que no sea extractivo-fosilista. Y es importante tener en cuenta que, en la actualidad, estas discusiones se enmarcan en un contexto climático crítico. Tal vez, hablar de la extracción hidrocarburífera o de una dependencia fosilista en el siglo XX era distinto. Entonces, era central para que el capitalismo se consolidara como modo de acumulación. Pero, a partir de los años 80 y 90, distintos sectores de la ciencia y de la resistencia en los territorios comenzaron a denunciar y sistematizar los problemas asociados a esta actividad: hasta entonces, no teníamos el problema de los gases de efecto invernadero ni de la aceleración del calentamiento global, en los que los fósiles ocupan un lugar central.

 

«La Argentina, en este momento, se encuentra abrazando la ampliación de la frontera fósil, pero al mismo tiempo no tenemos que dejar de denunciar los accidentes que se producen», dice Wyczykier.

 

El libro aborda la cuestión energética a nivel global y luego nacional. En ese sentido, ¿cuál es el estado de situación del país en la actualidad?

La Argentina está ampliando sus fronteras fósiles y extrayendo gas y petróleo de una manera muy auspiciosa para las empresas. En este momento, la Argentina está en una fiesta de extracción: hay inversión en infraestructura para que el gas y el petróleo fluyan hacia otras latitudes, es un momento en el cual el avance de la extracción y la frontera fósil parece algo imparable, mucho más con este tipo de gobiernos negacionistas. Además, porque las poblaciones locales también adhieren a estos procesos porque les venden la idea de que va a haber más trabajo y progreso en los territorios. Y acá hay que hacer un paréntesis al pensar en cómo estos procesos extractivos drenan recursos monetarios en los territorios, hay que diferenciar al extractivismo fósil del minero o de otro tipo, porque es cierto que la extracción hidrocarburífera genera trabajo, directo e indirecto, y empieza a dinamizarse la economía en los territorios donde estos procesos se afincan. Esto no es menor y Neuquén es un claro ejemplo de eso. El problema es que, al mismo tiempo en que aparecen estas variables, que pueden ser favorables para la economía, también aparecen los procesos de mal desarrollo, y del que Añelo es otro ejemplo.

¿En qué consiste esta idea de mal desarrollo?

Implica que, al mismo tiempo en que comienza a generalizarse cierto despliegue económico en los territorios, empieza a haber más trabajo directo e indirecto, más alquileres y más construcción de viviendas, por ejemplo, también aumentan las violencias interintrafamiliares, la trata de personas, los consumos problemáticos y la desigualdad de ingresos, porque justamente, el salario del petrolero es mucho más alto que el de docentes o médicos. Lo que vemos en estas localidades de la extracción son cuerpos que también se encuentran divididos en este problema. Gente que va a correr como lo hacía siempre por la estepa y se encuentra con el derrame de petróleo, que tiene los olores de los basureros petroleros, pero que a la vez tiene trabajo por este proceso hidrocarburífero.

En los territorios afectados suelen convivir grupos que acompañan y otros que se resisten a estos procesos extractivos. ¿Cómo se desenvuelve esta coexistencia?

La Argentina, en este momento, se encuentra abrazando la ampliación de la frontera fósil, pero al mismo tiempo no tenemos que dejar de denunciar los accidentes que se producen, como los derrames de petróleo que sucedieron el año pasado en el Mari Menuco, que es un lago que provee de agua a la ciudad de Neuquén, y cuando se empiece a exportar el petróleo hacia otras latitudes, a través del Golfo San Matías, es muy probable que empecemos a ver daños en las ballenas y en toda una flora y una fauna que se verá alterada sustantivamente. Sin embargo, el caso de los hidrocarburos es distinto al de la megaminería, que contamina el agua y las montañas para el beneficio de unos pocos. El hidrocarburo es distinto porque todos lo consumimos y porque claramente crea trabajo en los territorios, junto a las consecuencias nocivas. Es un tema complejo y es importante dar cuenta de esta complejidad para aportar al debate sobre estos temas.

Mas allá de la situación en la Argentina, en el libro aparece un dato relevante y es que la energía está desigualmente distribuida a nivel global. ¿Qué implicancias puede tener eso en el modelo extractivo local y la búsqueda de las denominadas energías alternativas?

Está comprobado que quienes más afectan al clima son los sectores más ricos del mundo. Desde el sur global, desde Vaca Muerta, estamos generando una provisión de energía de exportación para esos sectores que consumen mucho más que otros, y de ese modo estamos contribuyendo a esa desigualdad en el consumo de la energía a nivel global. Por eso, hay que pensar para qué y para quién producimos energía y así sacrificamos territorios y especies, más allá de que, a nivel personal, con Juan -Acacio- consideramos que ningún sacrificio merece este proceso de extracción. Por eso creemos que es importante pensar en modelos de desarrollo diferentes en este contexto y en este marco climático.

Además de la cuestión climática, ¿cómo puede afectar el contexto bélico internacional al país?

Es cierto que han circulado discursos mediáticos que indican que, si sube el precio del petróleo, como el país lo exporta, ingresarán más dólares a la economía nacional, pero eso es un problema porque puede impactar en la inflación y en los precios internos. En el gobierno de Milei, no tenemos atado el precio del barril a ningún tipo de política de soberanía nacional que se preocupe por el consumidor y, por el contrario, el precio está liberado. Entonces, si sube el precio del barril de petróleo, la sociedad argentina también va a tener que pagar más por el litro de nafta. Además, los dólares que puedan entrar al país por la venta de una mayor cantidad de hidrocarburos no terminan generando un drenaje positivo para los sectores populares o para una mayor cantidad de población, y difícilmente logren generar algún tipo de beneficio para la sociedad o para los sectores más vulnerables que viven en nuestra sociedad. Tampoco para los territorios de la extracción, que van a seguir experimentando la acentuación de las afectaciones ambientales y ecoterritoriales, porque este tipo de procesos alientan que se siga extrayendo más y más gas y petróleo.

¿Qué objetivo se plantearon con este libro?

Queremos que contribuya a un debate público, democrático e informado, retomar preguntas que distintos colegas y sectores sociales nos venimos haciendo, como energía para qué y para quién, y también pensar qué estamos produciendo, de qué modo, y cuáles son las desigualdades sociales en relación a quién consume la energía que producimos. Queremos que este libro sirva para abrirnos a pensar en el modo de desarrollo que estamos nutriendo con este proceso de ampliación de la frontera fósil, para alentar a un debate informado y no tener miedo a interrogar el supuesto consenso sobre Vaca Muerta.

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