La tasa de vacunación argentina es de las peores de la región

La Argentina pasó de ser uno de los tres mejores de la región en tasa de vacunación a ser uno de los peores, solo superando a Venezuela, Haití, Bolivia y Surinam, según un informe de Unicef y la Organización Mundial de la Salud. Especialistas alertan sobre las causas y el impacto en la salud de la población de este retraimiento, alimentado por la falta de una política sanitaria y la desinversión del Gobierno nacional.

Por Matías Alonso  
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,Agencia TSS – Durante muchas décadas, la Argentina ha sido un país reconocido internacionalmente por su alta tasa de vacunación, con una población que confiaba en la importancia de las vacunas y un sistema público que facilitaba el acceso gratuito. Así se pudieron erradicar muchas enfermedades que tuvieron consecuencias graves, especialmente en niños, como la polio y la tos convulsa. Sin embargo, hoy la Argentina pasó de ser uno de los tres mejores de la región a uno de los peores, solo superando a Venezuela, Haití, Bolivia y Surinam. Según un informe de Unicef y la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de la mitad de los menores sin inmunizar de la región se concentran en cuatro países, entre ellos, la Argentina.

La cobertura de vacunación es importante porque no tiene solo consecuencias individuales: para erradicar una enfermedad es necesario que una parte importante de la población esté vacunada. En caso de enfermedades como el sarampión, se necesita que más del 90% de la población lo esté ya que es muy contagiosa.

Desde la pandemia por Covid-19, las vacunas tomaron un protagonismo en la agenda pública y también se generó temor por grupos que desconfiaban de que se hubieran podido cumplir todos los pasos de seguridad en tan poco tiempo y que podrían ser más un negocio para empresas farmacéuticas que un beneficio para la salud. Una vez que la transmisión por Covid dejó de ser tan peligrosa, en lugar de atribuir esto a la efectividad de las vacunas diversos sectores llegaron a plantear que en realidad el virus nunca había sido peligroso.

También estuvo el caso de un científico que presentó un estudio en el que se afirmaba que una vacuna generaba autismo. Ese estudio fue rápidamente descartado y dio lugar a cientos de estudios que lo desmentían pero igual quedó circulando como una sospecha sobre el sistema de salud. Al igual que otras teorias falsas, esto resultó amplificado por las redes sociales.

A nivel local, este escenario de desconfianza que se da en una porción de la población mundial, se ve reforzado por un proceso de recorte de las partidas en salud por parte del Gobierno nacional, que está haciendo que cada vez sea más difícil acceder a las dosis de vacunas por parte del sistema público.

El exministro de Salud de la Nación Daniel Gollán habló con TSS sobre las causas y las implicancias de este fenómeno: “Hay un movimiento antivacunas en Estados Unidos que llevó a que haya más de 2500 casos de sarampión, una enfermedad que estaba erradicada allí. Uno ve al secretario de Salud de ese país haciendo una campaña proactiva en contra de las vacunas, justificando la no necesidad de la vacunación. Y esto se transmite a todo el mundo y acá encontró el visto bueno del Gobierno. El año pasado se hicieron dos reuniones en el Congreso, avaladas por el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, en las que se mostraba a personas a las que supuestamente se les pegaban los metales por estar vacunados. Eso hace que la gente empiece a dudar. Y el Gobierno tomó la política de comprar menos vacunas porque hay menos gente que se vacuna. Si una familia se traslada al centro de salud con sus hijos y resulta que hay algunas vacunas y otras no, y tienen que volver otro día y así, se pierden oportunidades de vacunación y posiblemente no se pueda completar el esquema”.

«En la región hay países como Chile, Costa Rica, Cuba, Uruguay, Trinidad y Tobago, Brasil y otros que todavía tienen tasas de vacunación por arriba del 90%, mientras que nosotros estamos por debajo del 70%», dijo Gollán.

En un sentido similar, Nicolás Krepak, actual ministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires, le dijo a TSS: “Hay varios factores que explican lo que sucede pero el principal es que se desarticuló la política nacional de vacunación. La Argentina fue durante décadas un ejemplo en la región porque existía una estrategia muy activa: el Estado Nacional compraba las vacunas, las distribuía en tiempo y forma, financiaba campañas de comunicación, sostenía sistemas de información y trabajaba junto con las provincias para ir a buscar a quienes les faltaba vacunarse. La falta de planificación nacional en la ejecución de la campaña de vacunación, las interrupciones en el suministro de vacunas, la cantidad de oportunidades perdidas que tuvimos los primeros meses del año y, ahora, la quita de los medicamentos del Remediar, son algunas de las principales causas por las cuales tenemos altos aumentos en la demanda de enfermedades respiratorias, por dar un ejemplo”.

Además de la falta de vacunas, los recortes del Gobierno están llevando a falta de insumos como jeringas, o a la falta de capacitación del personal, que puede llevar a que se aplique una vacuna con un técnica incorrecta y por lo tanto no tenga el efecto deseado. “Van resurgiendo enfermedades que eran inmunoprevenibles gracias a las vacunas pero al estar los esquemas incompletos o gente que no se vacuna vuelven enfermedades como la tos convulsa, que causa mortalidad en bebés. No es un fenomeno solamente argentino, es mundial, pero en la región hay países como Chile, Costa Rica, Cuba, Uruguay, Trinidad y Tobago, Brasil y otros que todavía tienen tasas de vacunación por arriba del 90%, mientras que nosotros estamos por debajo del 70%, y así se suman miles de personas susceptibles de enfermarse y contagiar a otros”, dijo Gollán.

En cuanto a los controles, el más importante es el que se hace a los niños que entran en la escuela. Cada año es necesario presentar el certificado de vacunación completo para poder inscribirse pero esto pone dos derechos en conflicto, el derecho a la salud de la población con el derecho a la educación del individuo, por lo que suele haber formas de evitar que el control pueda ser llevado a cabo por la institución. Especialmente, en momentos como estos en los que es muy difícil el acceso a las dosis de vacunas y esto no puede convertirse en un freno a la escolarización. Para Kreplak, “la obligatoriedad por sí sola nunca garantizó la vacunación. La Argentina siempre tuvo un modelo basado en facilitar el acceso y generar confianza. El éxito del Calendario Nacional de Vacunación siempre estuvo vinculado a la presencia del Estado, no a la coerción. Por supuesto que los controles son importantes, pero antes que controlar hay que garantizar que existan vacunas disponibles, equipos de salud, campañas territoriales y sistemas de seguimiento. Si se debilitan esas herramientas, el problema no se resuelve endureciendo controles sino reconstruyendo una política pública nacional. Hoy vemos un Estado nacional que se retiró de esas funciones. Y eso es gravísimo porque pone en riesgo un patrimonio sanitario construido durante décadas”.

«La obligatoriedad por sí sola nunca garantizó la vacunación. La Argentina siempre tuvo un modelo basado en facilitar el acceso y generar confianza», dijo Kreplak.

Para el ministro de Salud bonaerense, el problema más importante no está en la desconfianza a las vacunas. “Nuestro país registró uno de los índices más altos de vacunación contra Covid-19 en el mundo. No creo en ese discurso de desconfianza que quieren instalar. Nuestra población confía en las vacunas, saben que son seguras y quieren cumplir con el calendario. Nosotros creemos en eso. Lo que hay que hacer es promoverla y, sobre todo, garantizarla, y este Gobierno nacional no lo hace ni invierte para que pueda ser posible. Cada vez que una persona se acerca a un vacunatorio y no puede recibir la dosis porque no está disponible hablamos de una ‘oportunidad perdida’. Por eso, más que discutir discursos antivacunas, lo que hay que hacer es garantizar que las vacunas estén disponibles cuando la gente las necesita. La población quiere vacunarse y el Estado nacional tiene la responsabilidad de asegurar que esas vacunas lleguen en tiempo y forma”, dijo Kreplak.

Si bien desde las provincias se pueden comprar vacunas para reforzar la estrategia, no del Fondo Rotatorio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), al que solo pueden acceder los estados nacionales, por lo que los precios son mucho mayores y por lo tanto es más difícil llegar a las dosis necesarias.La provincia de Buenos Aires tiene un programa llamado Salud Escolar, mediante el cual equipos sanitarios van a las escuelas para realizar controles de salud y aplicar las vacunas a niños y adolescentes como una estrategia para recuperar las tasas de vacunación y aprovechar el ámbito escolar para llegar a quienes tienen esquemas incompletos.

“Las vacunas que compra la Argentina se compran en el Fondo Rotatorio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), o su oficina Panamericana, y así son mucho más baratas ya que se compran en gran volumen, son unas 10 o 15 veces más baratas que la compra particular. Pero puede pasar que por algún motivo haya un faltante de vacunas en ese fondo por algún problema de distribución. Como la Argentina se retiró de la OMS, ya dejó de tener prioridad para el uso de ese fondo. Es lo que pasa cuando se toman decisiones solo pensando en caerle bien al presidente de Estados Unidos sin siquiera pensar en nuestra gente”, dijo Gollán.

“Hay tres o cuatro cosas que cambiaron la historia de la humanidad: los antibioticos, las sales de hidratación y las vacunas. Uno puede tener grandes avances científicos en algunos temas particulares pero lo que evita masivamente la mortalidad de millones de personas son estas cosas. No tengan temor, vacunen a sus hijos, exijan que se los vacune y también a los adultos que corresponde porque se evitan problemas de salud que cuando suceden son irreparables”, dijo Gollán.

“Hay una ley sobre este tema y el Gobierno no la cumple, como hace con muchas otras. Está el impuesto del 10,5% a los combustibles que se cobra para arreglar las rutas y no se aplica. Y así pasa también con el financiamiento universitario. Las leyes están y el Poder Judicial no está obligando a cumplirlas. Hay un incumplimiento de los deberes de funcionario público”, finalizó Gollán.


31 jul 2026

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