El ilustrador de expecies extintas en el Museo Argentino de Ciencias Naturales habló con TSS sobre cómo se representa a un animal que nadie vio en vida y también sobre el vínculo entre arte y ciencia, el impacto de la inteligencia artificial en la producción de imágenes y la importancia de comunicar los descubrimientos de la paleontología argentina.
Agencia TSS – Gabriel Lio es ilustrador en el Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) Bernardino Rivadavia. Su vínculo con la institución comenzó a partir del dibujo, el trabajo con investigadores y la participación en campañas de campo. Reconstruir un dinosaurio no es solamente imaginar: cada imagen parte de fósiles, información anatómica y relaciones evolutivas, y obliga a tomar decisiones sobre aquello que la ciencia todavía no puede conocer. En diálogo con TSS, Lio cuenta cómo se realiza una reconstrucción científica mediante una ilustración, qué aprendió del trabajo de campo, qué lugar ocupan los dinosaurios encontrados en la Argentina en el imaginario popular y los cambios que trae la llegada de la inteligencia artificial.
¿Cómo empezaste a trabajar en el vínculo entre paleontología y dibujo?
Siempre me gustó dibujar. Cuando entrás al museo aparecen posibilidades que antes no tenías. Podés ver los dinosaurios más de cerca y empezás a dibujar más conscientemente. No necesariamente mejor, pero sí entendiendo mejor qué estás dibujando. Fernando Novas (paleontólogo e investigador del MACN) se dio cuenta que dibujaba y me dijo: “Bueno, dibujá estos huesos para una publicación”. El primer dibujo científico que hice terminó en Nature, dentro de un esquema. Yo no tenía idea de lo que significaba todo eso porque lo había hecho medio de onda.
¿En qué momento te diste cuenta que también podía ser una posibilidad laboral?
En 2005 me pidieron un dibujo para un libro. Firmé y había un cheque en dólares. Era la primera vez que veía que podía haber una rentabilidad. Después fui trabajando en libros y también con una textil para chicos que hace unos 17 años usa mis dibujos para remeras. Es recontra nicho, pero empezás a ver que hay una economía detrás de la ilustración.

¿Qué necesitás saber cuando te piden reconstruir un dinosaurio?
Depende del animal. Si me pedís un tyrannosaurus rex, lo puedo hacer con los ojos cerrados. Pero si tengo qe ue hacer algo desde cero, primero necesito que me cuentes qué tenés del animal. También hay cierto recelo, y está justificado, porque como investigador no podés mostrar lo que encontraste antes de que salga publicado. Si descubriste un dinosaurio nuevo, no podés contárselo a cualquiera porque puede publicarlo antes que vos. Entonces tiene que haber confianza.
¿Y qué ocurre cuando tenés solamente una parte del animal?
Ahí necesito saber con quién está relacionado. Si tenés un cráneo completo de un carnívoro nuevo, puedo seguir sus líneas anatómicas. Pero si tenés solamente un hueso, tengo que saber de quién es primo. Necesito conocer sus relaciones de parentesco. Después empieza un ida y vuelta con el investigador. Yo hago bocetos y ahí aparecen los detalles: una estructura que era diferente, unos dientes más curvados, alguna característica que yo no había interpretado.
¿Qué cambia cuando pasás de dibujar un fósil a reconstruir al animal en vida?
Una cosa es la ilustración científica, como mostrar un hueso. Otra es la reconstrucción, que es cuando lo mostrás en vida. Ahí necesitás más datos. Si tenés un animal completo, con la mayoría de los huesos, es mucho más estricto porque te tenés que quedar dentro de lo que hay. Si encontraste de la cintura para arriba y no tenés las patas traseras, ahí se puede jugar un poco más. Buscás quién es el pariente más conocido y tratás de reconstruirlo a partir de eso.
¿Hasta dónde puede interpretar el paleoartista sin dejar de hacer una representación científica?
Yo me paro bien en el medio. El arte es un vehículo para representar una idea científica. Pero si deformás lo que se está comunicando, deja de ser ilustración científica. Si yo le pongo 40.000 cuernos a un dinosaurio que no tiene ninguno no estoy comunicando, estoy confundiendo.
¿Qué lugar ocupa lo que la ciencia todavía no puede conocer, como el color?
En algunos hallazgos hay impresiones de piel, pelo o plumas con una preservación muy buena que permiten hacer inferencias. Pero, salvo esos casos, no tenemos información suficiente. De las escamas de los dinosaurios, en la mayoría no conocemos los colores. En la Argentina, tampoco tenemos datos de dinosaurios emplumados que nos permitan conocer su coloración. Entonces, si el investigador no te pone alguna restricción, pueden ser de cualquier color. Los dinosaurios vivieron millones de años. Tiene que haber habido dinosaurios marrones y también tiene que haber habido dinosaurios fucsia.

¿Qué es lo que más disfrutás del dibujo?
No me interesa el fin, no me interesa llegar a un hiperrealismo. Me interesa estar haciéndolo. Es un ejercicio personal. Disfruto, me divierto al dibujar. Por eso, me gusta mucho el dibujo en dos dimensiones, ya sea digital o tradicional. Me gusta el papel, la acuarela, elegir un papel que tenga una textura determinada. El 3D también es una herramienta muy interesante, pero a mí me gusta el ejercicio de ilustrar.
También participaste de campañas paleontológicas. ¿Qué lugar ocupa el trabajo de campo?
Yo empecé queriendo trabajar en paleontología y, durante el primer año, ya estaba yendo al campo a buscar dinosaurios. He encontrado cosas copadas y me gusta mucho. Además, es una manera de conocer el país con otros ojos. La Argentina es muy grande y uno suele conocer la Patagonia desde un lugar turístico, desde la montaña o los lagos. Pero los dinosaurios aparecen en el desierto, donde hay ovejas, viento y soledad. Para mí es muy lindo desconectarse de esa manera y entender que ése es el terreno donde vas a buscar huesos. Es el paso uno de todo. Sin eso, no existe todo lo demás. Después viene sacar el fósil, prepararlo, estudiarlo, publicarlo y finalmente comunicarlo. Todo empieza ahí, en el campo.
¿Cómo influyó Jurassic Park en la forma en que el público imagina a los dinosaurios?
Yo creo que tanto el libro como la película Jurassic Park tienen una representación bastante fiel de lo que pensábamos en ese momento. Yo odio la frase “envejeció mal”. Jurassic Park tiene unos 30 años y nuestro concepto de los dinosaurios cambió mucho. Uno de los grandes problemas de la película es que llama velociraptor a un animal que en realidad representa a un deinonychus. El velociraptor real era mucho más chico. Además, hoy sabemos que los dinosaurios carnívoros tenían plumas. El velociraptor se parecería mucho más a un pájaro grande de lo que aparece en la película.
Durante mucho tiempo, los dinosaurios hallados en América del Norte fueron mucho más representados que los encontrados en la Argentina. ¿Por qué?
El gran auge de los dinosaurios como fenómeno cultural fue norteamericano. Estados Unidos tuvo una gran expansión de la exploración de su territorio y ahí empezó la fiebre. Históricamente, los dinosaurios más conocidos son estadounidenses porque tuvieron mucha importancia tanto científica como didáctica. Si yo te digo “decime un dinosaurio”, probablemente me digas velociraptor. Después tyrannosaurus rex. En la Argentina también hubo paleontología desde hace mucho, pero muchos de nuestros grandes dinosaurios son descubrimientos recientes. Todavía tienen que atravesar el camino desde el ámbito científico hasta el imaginario común.

¿Dónde está el desafío para que esos dinosaurios pasen de los museos a la cultura general?
A mí lo que más me interesa no es la gente a la que ya le gustan los dinosaurios. Es a la que no. Si le preguntás a alguien que no está interesado qué dinosaurio conoce, probablemente te diga tyrannosaurus. ¿Por qué? Porque es lo que le enseñaron. No es que falta representación, faltan comunicadores. Los animales están, carnotaurus está. El problema es que todavía no forma parte de la cultura general de la misma manera. Ahí está el rol de los comunicadores, de los educadores y de la gente que trabaja en divulgación.
¿Qué tienen los dinosaurios que los convierte en una puerta de entrada tan efectiva a la ciencia?
Tienen una espectacularidad enorme. Podés estar en un taxi, hablar con el chofer y decirle que trabajás con dinosaurios y enseguida aparece una conversación. Siempre hay un punto de conquista porque son lindos y llamativos. La gente está mirando las noticias y se entera. Después tenés que captar ese interés. Lo importante es que sepa que hay un lugar donde pueden seguir los descubrimientos.
¿Qué lugar ocupa la inteligencia artificial en la ilustración científica?
Como toda nueva tecnología, va a ir depurándose con el tiempo. Ahora ves publicidades, logos y gráficas que parecen todas iguales porque la gente empieza a usar la herramienta sin entender demasiado. Me parece fantástico que alguien la use porque no puede pagar un diseñador. Lo entiendo. Pero cuando te ponés a hacer ilustración de dinosaurios o difusión científica con IA, para mí es un problema porque no estás comunicando nada si no sabés qué está comunicando y si lo que comunica está bien. A la hora de la ilustración científica, hoy no le veo utilidad. Es una pérdida de tiempo porque no hay criterio.
¿El problema no está solamente en la herramienta sino en quién la utiliza?
La IA es una computadora enchufada. El problema aparece cuando no hay una persona con criterio detrás. Necesitás un asesor científico porque la IA no sabe de ciencia. Una persona que estudió puede decirte: “Este dinosaurio no vivió en Argentina”. Yo me doy cuenta, pero alguien que no conoce la disciplina quizás no. No alcanza con que la imagen sea linda o realista. Tiene que haber alguien que pueda evaluar lo que está comunicando. Si todos los dibujos con IA terminan siendo muy parecidos porque siempre responden al mismo criterio, ¿dónde está la diversidad? A mí me parece más interesante una persona que dibuja sin una perfección absoluta pero que está mostrando algo desde su intención y desde su esfuerzo. Esa imagen tiene una decisión personal detrás.

¿Y esa discusión también tiene una dimensión laboral?
Yo salgo a las marchas por la ciencia para pelear por mi trabajo. Si después alguien me reemplaza con IA, tiene derecho a hacer lo que quiera. Pero peleamos por los trabajos de todos, o no peleamos por ninguno. La financiación nos afecta a todos. Si la gente no tiene recursos, no contrata dibujantes. Una campaña paleontológica requiere comida, movimiento, viáticos y logística. Cuando no hay recursos, eso se limita.
¿Qué consejo le darías a alguien joven que quiere empezar a dibujar o hacer paleoarte?
Hoy hay muchísimo material disponible. Los museos digitalizan sus colecciones y podés encontrar fósiles que antes eran mucho más difíciles de consultar. Pero no alcanza con mirar una imagen. Hay que leer. Remitirse a los libros, buscar científicos, leer los papers. Hoy incluso podés traducirlos si no sabés inglés. Eso está bárbaro porque llegás un poco más lejos y después podés construir tu propio criterio.
¿Qué futuro imaginás para el paleoarte?
Hay muchísimo horizonte. No solamente hay que dibujar los bichos nuevos. Los animales que fueron descritos hace mucho tiempo también siguen siendo válidos. Creo que siempre va a haber jóvenes que tengan una nueva interpretación. Siempre hay horizonte por delante. Tiene que haber algo de tu impronta. Si todos dibujamos igual, ¿cuál es el valor? Es un dibujo más igual al anterior. No dice nada. En cambio, si hay algo tuyo, una textura personal, eso es lo que te hace ir a ver un dibujo.
04 sep 2026
Temas: Dibujo, Dinosaurios, Fósiles, Ilustración, MACN, Paleoarte, Paleontología

