“La meta es tejer redes intersectoriales ancladas en el territorio para acompañar la transición agroecológica y vincular producción con consumo”, explica Florencia Arancibia, integrante del Nodo Agroecológico Territorial de San Martín, una iniciativa que busca articular experiencias locales de producción, comercialización, educación e investigación.
Agencia TSS / Noticias UNSAM – La agroecología se ha ido expandiendo durante la última década. Ante la avanzada del agronegocio en el país, basada en el uso de agrotóxicos y monocultivos, este tipo de cultivos se presenta como la alternativa más prometedora para alcanzar una producción de alimentos soberana y menos contaminante.
En línea con esta tendencia, el año pasado en la UNSAM se conformó el primer Nodo Agroecológico Territorial (NAT) de San Martín, que detectó la existencia de más de veinte equipos de trabajo e investigación en diez unidades académicas y áreas de gestión que se dedican a cuestiones vinculadas con la temática.
En esta entrevista, la investigadora Florencia Arancibia, una de las promotoras de la iniciativa, detalla cómo se creó el NAT San Martín, el primero del conurbano bonaerense y el único anclado en una universidad que no incluye Agronomía en su oferta académica, que además está asentado en una zona geográfica que no se caracteriza por la producción de alimentos.
Arancibia es doctora en Sociología e investigadora adjunta del CONICET en el Centro de Investigaciones para la Transformación (CENIT) de la Escuela de Economía y Negocios (EEyN) de la UNSAM. Se especializa en la relación entre saberes y activismos dedicados a temáticas de ambiente y salud, y estudia cómo se producen conocimientos alternativos a partir de redes mixtas (universidad, técnicos y movimientos sociales) orientadas a un cambio del sistema agroalimentario.

Tus investigaciones se centran en dos grandes ejes: la resistencia al uso de agrotóxicos y la promoción de la agroecología. ¿Qué es la agroecología?
La agroecología es un paradigma de producción agroalimentaria basado en la idea del equilibrio ecosistémico que busca producir alimentos sin la necesidad de introducir químicos. Llegué a ella a través de una investigación que realizaba sobre la resistencia a los agrotóxicos: la agroecología es una alternativa propuesta desde los propios movimientos sociales frente al avance de la agricultura industrial contaminante, que en la Argentina tomó mucha fuerza. Busca entender y reproducir los equilibrios naturales para promover el bienestar de quienes participan en la producción e incorpora una perspectiva social clave, ya que no solo contempla la tierra, la semilla y la planta, sino a todos los elementos del sistema, incluidos los animales y los seres humanos.
Junto a tu equipo de investigación, el año pasado impulsaron la formación del Nodo Agroecológico Territorial (NAT) en San Martín. ¿Qué es un NAT?
Los NATs son redes intersectoriales ancladas en el territorio e incubadas en universidades nacionales que, amparándose en la autonomía universitaria, buscan escalar hacia la agroecología. Surgieron en 2022 como parte de una política pública de la por entonces Dirección de Agroecología de la Nación y, desde 2024, continúan funcionando de manera autogestiva en el marco de la Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología (RENAMA), con el apoyo de la Sociedad Argentina de Agroecología (SAAE). Tienen como objetivo armar un entramado horizontal que articule movimientos sociales, organizaciones de productores, técnicos, municipios y equipos académicos, y funcionan como una praxis de investigación situada y participativa, en la que la universidad no transfiere saberes “desde arriba”, sino que aloja y pone sus recursos institucionales a disposición para la coproducción de conocimientos.
Actualmente, existen 14 NATs en distintas regiones del país. El de San Martín es uno de ellos. ¿Cómo surgió la idea de armar un nodo en la UNSAM?
La idea surgió a partir de una mesa redonda sobre diálogos de saberes y agroecología que organizamos en la Semana de la Investigación, el Desarrollo y la Innovación (SIDI) de la UNSAM junto con mi colega Lucía Romero y la becaria Carolina Espinosa Rubiano, que había descubierto la iniciativa de los NATs en el trabajo de campo de su tesis. Para esa mesa redonda invitamos a una de las ideólogas de los NAT, Elizabeth Ciccorosi, de la RENAMA, y fue ella quien nos propuso formar uno en San Martín. Al principio dudamos, por no tener la carrera de Agronomía ni ser un territorio típicamente agrícola, pero luego entendimos que era la oportunidad perfecta para llevar a la práctica lo que veníamos estudiando sobre el rol de las redes mixtas e involucrarnos directamente en la conformación de uno en nuestro territorio. Poco antes, España Verrastro, coordinadora del Área de Sustentabilidad y Ambiente de la Secretaría de Extensión, Vinculación y Transferencia (SEyV) de la UNSAM, me había propuesto pensar algún proyecto conjunto sobre agroecología. Esta propuesta calzó justo, y así fue como, entre la EEyN, la SEyV y la RENAMA, decidimos concretar la idea.

¿Por qué es importante contar con un NAT en San Martín, que no produce alimentos?
Si lo pensamos en términos sistémicos, promover un NAT en el conurbano es clave porque permite construir redes que acerquen la producción con el consumo y acompañen la transición hacia otro sistema agroalimentario. Si nos centramos únicamente en las zonas rurales y productivas, dejamos de lado a un volumen enorme de consumidores en áreas urbanas que necesitan acceder a alimentos sanos. Porque, además, el gran desafío es evitar que la agroecología se convierta en un consumo de élite, como ocurre con los productos orgánicos, y lograr que llegue a los sectores populares. Por eso, desde la universidad y el territorio, debemos trabajar por la educación ambiental, la concientización y la creación de circuitos de comercialización cortos y de confianza que eliminen intermediarios en pos de la soberanía alimentaria.
El primer paso para la conformación del NAT San Martín fue hacer un relevamiento interno en la Universidad. ¿Qué encontraron en ese primer mapeo?
En ese primer relevamiento tuvimos una recepción excelente. Fue súper interesante porque comprobamos que, aun sin tener Agronomía, existe un entramado muy rico dentro de la UNSAM, interesado en aportar a la agroecología desde sus saberes: desde equipos de investigación tradicionales hasta grupos como el Círculo de Estudio de Soberanía Alimentaria, el equipo del Bosque Urbano y áreas dedicadas a la transferencia y la investigación aplicada, como la de Sostenibilidad y Ambiente. Además, vimos que hay personas de escuelas muy diversas que aportan miradas disciplinarias distintas, como las escuelas de Hábitat y Sostenibilidad (EHyS), Humanidades (EH), Economía y Negocios (EEyN), Ciencia y Tecnología (ECyT) e Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales (EIDAES).
¿Ahora están empezando una segunda etapa?
Sí. El segundo paso en el proceso de conformación del NAT fue la invitación a sumarse a los actores territoriales con quienes ya teníamos vínculos. Hasta ahora, se han sumado cerca de diez actores externos, entre áreas de educación ambiental y economía social y solidaria del municipio, huertas escolares y comunitarias y cooperativas. Y la idea es seguir ampliándonos, por eso lanzamos un mapeo territorial exhaustivo en el partido de San Martín. Para ello, diseñamos un cuestionario junto con los propios actores locales para relevar cuatro ejes que consideramos clave: educación, comunidad, producción y comercialización.

¿Qué buscan con este nuevo mapeo?
Buscamos consolidar un espacio horizontal que ponga los recursos universitarios a disposición de la comunidad para acompañar la transición agroecológica. En los últimos años, en San Martín se han fortalecido diversas experiencias vinculadas a la producción de alimentos saludables, las huertas comunitarias y educativas, la comercialización de proximidad, la educación ambiental y la promoción de la soberanía alimentaria. Sin embargo, gran parte de estas iniciativas permanecen aisladas y dispersas. El objetivo del mapeo es conocer estas iniciativas y fomentar su vinculación, para poder desarrollar estrategias comunes. Por ejemplo, este entramado podría funcionar como punta de lanza para vincular la producción con el consumo en el conurbano bonaerense.
¿Qué relevancia tienen este tipo de investigaciones para la sociedad?
Para mí, estudiar estos temas es clave para entender qué estrategias y entramados pueden empujar la transición hacia un cambio de sistema agroalimentario. Mientras haya autonomía universitaria, la universidad tiene que ser una barricada de pensamiento crítico y de promoción de alternativas, produciendo un conocimiento independiente que aporte a la construcción de futuros más justos y a la consolidación de los avances logrados. Afortunadamente, hemos encontrado mucho apoyo por parte de la UNSAM en este proceso. También creo que, desde las ciencias sociales, tenemos mucho para aportar sobre cómo se tejen estos procesos. Al conectar la investigación con proyectos como el NAT, pasamos a una investigación situada y colaborativa en la que la verdadera utilidad social del conocimiento se da de manera directa en el territorio, mediante la coproducción y el trabajo en equipo horizontal con los actores locales.
Más info sobre esta iniciativa, AQUÍ.
* Vanina Lombardi forma parte del Círculo de Soberanía UNSAM, una de las iniciativas de la universidad que participa en el NAT San Martín.
06 nov 2026
Temas: Agroecología, Alimentos, Soberanía alimentaria

