En julio, el aumento de la temperatura oceánica volvió a batir récords y en el sector surgen dudas sobre posibles impactos en especies de importancia comercial. En esta nota, especialistas y pescadores analizan los cambios observados y su relación con el cambio climático.
Agencia TSS – Como consecuencia del calentamiento global, los océanos del planeta batieron un nuevo récord. Según datos del Servicio de Cambio Climático de Copernicus, la temperatura media de la superficie del mar fuera de las regiones polares fue de 20,96ºC en julio, alcanzando el máximo histórico para ese mes desde que se tiene registro.
Esto ha despertado algunas alertas tanto desde la perspectiva de conservación como desde la producción pesquera local: el calentamiento del mar, ¿tiene impactos en especies de importancia comercial del Mar Argentino? “La tendencia en el aumento de la temperatura superficial de los océanos es alarmante pero esos cambios no son homogéneos a nivel global”, advierte Micaela Giorgini, investigadora del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), en diálogo con TSS.
“Los efectos reportados en los mares del Atlántico noreste indican que hay un corrimiento en la distribución de algunas especies hacia los polos. A nivel local, eso aún no se observa de forma marcada, aunque sí vimos cambios en la distribución de algunas especies, como es el caso de la caballa y del pez limón. De todos modos, por ahora no hemos podido detectar grandes diferencias que impliquen una amenaza importante a la actividad pesquera”, explica.
Giorgini estudia los posibles impactos de la variabilidad climática sobre las pesquerías de la región desde un enfoque ecosistémico. “Algo importante a remarcar es que no hay un patrón homogéneo a lo largo de toda la plataforma continental argentina. Por eso, para estudiar los efectos de los aumentos de la temperatura asociados a la variabilidad climática a largo plazo, hay que hacerlo por regiones”, señala.

En 2022, un equipo interdisciplinario conformado por investigadores del INIDEP y otras instituciones del sistema científico nacional, publicaron el informe “Estado del conocimiento de los efectos del cambio climático en el Océano Atlántico Sudoccidental sobre los recursos pesqueros y sus implicancias para el manejo sostenible”. En el trabajo, consignan algunos efectos que podría tener el aumento de la temperatura del mar sobre las especies marinas.
Los impactos potenciales incluyen: cambios en la distribución de especies hacia mayores latitudes y profundidades; cambios en la fisiología de los peces, proporción de sexos y potencial reproductivo; y desacople entre los ciclos de producción, reproducción y alimentación. En tanto, los efectos en las pesquerías están relacionados con un impacto en la producción de biomasa y cambios en la disponibilidad de los recursos.
“Analizamos la vulnerabilidad de las especies a la variabilidad climática y las clasificamos como de vulnerabilidad baja, media y alta. La mayoría de las especies mostraba una vulnerabilidad media, debido a una tolerancia fisiológica amplia y a una explotación pesquera sostenible”, indica Giorgini. Otras, como la corvina rubia y el gatuzo, fueron clasificadas como de vulnerabilidad alta para la zona del estuario del Río de la Plata.
A su vez, observaron cambios en la distribución de algunas especies. “En la caballa, que es un recurso pelágico (especies que habitan en mar abierto, en aguas superficiales o intermedias), detectamos que hay un corrimiento del límite sur de su distribución, particularmente en verano, y que esto está relacionado con un aumento en la temperatura de la zona de estudio. Sin embargo, no podemos hacer una inferencia directa con las variaciones climáticas a largo plazo porque para eso se necesita tener una serie de datos de más de 30 años”, aclara.

Cambios en el ciclo reproductivo
David Galván, investigador del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (CESIMAR) del CONICET, en Puerto Madryn, estudia cómo se alimentan e interactúan los peces y grandes invertebrados marinos. “En el mar patagónico, detectamos cambios en la distribución de algunas especies, sobre todo en un área donde se encuentran dos regiones biogeográficas. Un caso conocido es el del pez limón”, señala.
El pez limón es una especie de gran valor comercial, considerada a nivel internacional como la joya de la corona de la acuicultura marina, por su gran demanda en la alta cocina. “Hemos detectado que está llegando más al sur de lo que llegaba antes y con mayor abundancia”, indica.
Por otra parte, Galván explica que los cambios en la temperatura del agua también pueden afectar el ciclo reproductivo de algunas especies. “En general, el boom primaveral del fitoplancton y los eventos reproductivos de los peces están acoplados para que las larvas tengan buena disponibilidad de alimento. Si la temperatura del agua cambia, podría adelantarse o retrasarse el ciclo y generar un desacople entre esos dos momentos, afectando a algunas comunidades de peces”, precisa.
Asimismo, advierte que, dentro del sector pesquero, las grandes industrias pueden adaptarse mejor a los cambios observados, pero los pescadores de pequeña y mediana escala son los que podrían verse más afectados: “Si hay corrimientos en la distribución de los peces y un barco pesquero tiene que ir 500 kilómetros más al sur para conseguir un recurso que exporta a Europa, lo va a hacer, pero un pescador artesanal probablemente no pueda”.

La mirada de los pescadores
Desde su experiencia en el territorio, Edith Corradini, pescadora artesanal de Santa Clara del Mar, provincia de Buenos Aires, llega a una observación similar a la del investigador del CENPAT. Cuenta que, con otros pescadores de la zona, han venido notando que algunas especies alcanzan la madurez sexual antes de tiempo y considera que los cambios en la temperatura del agua pueden estar influyendo en esta anomalía.
“Esto es muy importante para la pesca porque puede significar que una población se reproduce antes de alcanzar las tallas que considerábamos normales. Si una especie que históricamente desovaba en primavera adelanta su período reproductivo, esto puede derivar en un problema: que sus pececitos nazcan en un momento que no coincida con la disponibilidad de su alimento”, reflexiona Corradini.
Otro cambio que notaron es que antes se pescaba más cerca de la costa y ahora tienen que ir un poco más adentro para encontrar a los peces. “Creemos que buscan temperaturas adecuadas, por lo que muchos pueden irse hacia aguas más profundas, hacia zonas que antes eran frías. Eso puede modificar completamente qué especies aparecen en una determinada zona de pesca”, subraya.
Otra preocupación de los pescadores es que, cuando una especie se muda de zona en busca de temperaturas más adecuadas, puede generar competencia con otra especie que estaba en ese lugar. “Si a todo eso le sumamos los impactos de la actividad pesquera extractiva y poco sustentable, se vuelve un combo muy explosivo”, indica Corradini. Y recalca: “El mar habla, hay que aprender a escuchar lo que está diciendo”.

La importancia de seguir estudiando sobre cambio climático y pesca
Por su parte, Giorgini remarca que, como los cambios a nivel global no son homogéneos, es importante monitorear lo que sucede de forma local. “Nosotros tenemos distintas líneas en desarrollo para seguir estudiando este fenómeno porque todo lo relativo a la variabilidad climática son cuestiones que deben observarse a largo plazo”, indicó.
Una zona de interés para los investigadores es el área de la confluencia de las corrientes de Brasil y Malvinas y zonas de influencia. “Muchos trabajos muestran que esa confluencia se ha ido corriendo hacia el sur en las últimas décadas, lo que implica que hay una mayor influencia de agua subtropical y eso posiblemente esté relacionado con el calentamiento que se observa allí. Por eso, estamos estudiando si existe un cambio en el estado ecosistémico de las comunidades que habitan esa zona, si eso tiene algún efecto en la abundancia de especies de interés pesquero y cuál es el efecto del ambiente en esos cambios”, adelanta.
Por su parte, Galván remarca la importancia de que haya inversión en monitoreo y ciencia básica que posibilite el estudio de cuestiones como la dieta de una larva o su comportamiento en aguas más cálidas. Esto permitiría entender mejor cómo son los mecanismos de adaptación de las distintas especies ante los cambios ambientales y también cuáles son sus límites, para tratar de evitar llegar a puntos de no retorno.
“Varios centros que trabajamos con líneas de investigación vinculadas al mar, como el CENPAT o el CADIC, en Ushuaia, estamos sufriendo un desfinanciamiento muy fuerte”, advierte el investigador. “Entonces, es difícil pensar en políticas a futuro que permitan hacer frente al cambio climático si no podemos siquiera sostener las investigaciones que venimos haciendo”, finalizó.
26 ago 2026
Temas: Ambiente, Cambio climático, INIDEP, Mar Argentino, Peces, Pesca

