Gabriel Díaz Yantén: “Argentina tiene un abecedario completo de dinosaurios”

El paleoarte combina evidencia científica y recursos artísticos para reconstruir animales que desaparecieron hace millones de años. Gabriel Díaz Yantén, paleoartista y estudiante de paleontología, trabaja con fósiles, investigaciones y modelos 3D para representar dinosaurios y acercar al público una fauna sobre la que la ciencia todavía tiene preguntas.

Por Matías Ortale  
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Agencia TSS – En una casa de General Roca, en Río Negro, hay una habitación que funciona como un pequeño museo del pasado. Sobre un escritorio conviven una computadora, una impresora 3D, frascos con materiales, lápices, papeles y réplicas de dinosaurios hechas a mano. Ese cuarto pertenece a Gabriel Díaz Yantén, paleoartista y estudiante de paleontología en la Universidad Nacional de Río Negro, que antes se había formado en diseño industrial en Chile y que en plena pandemia empezó a replantearse su carrera. Con el tiempo colaboró con el Museo Argentino de Ciencias Naturales y publicó reconstrucciones en National Geographic y Nature.

Antes de dedicarse a reconstruirlos hubo un chico que dibujaba dinosaurios en cualquier papel que encontraba: Estaba fascinado con el mundo antiguo, con la vida del pasado, pero también tenía la necesidad de expresarlo de alguna forma, tener un lápiz y un papel y dibujarlo, agarrar una plastilina y empezar a esculpir y modelar, cuenta. Sus padres trabajaban en una cooperativa de vivienda y solían llevarle hojas de sobra. Tengo dibujos hasta en los parciales del colegio. Entre medio de mis carpetas siempre había un dinosaurio, recuerda.

El trabajo profesional llega mucho después de ese primer dibujo. Para Díaz Yantén, la diferencia entre ilustrar dinosaurios como afición y hacer paleoarte pasa por sustentar cada decisión con información científica. Eso implica leer papers, consultar a paleontólogos y revisar investigaciones que pueden tener apenas unas páginas o extenderse durante cientos. También supone aceptar que, en la mayoría de los casos, la evidencia no alcanza para reconstruir cada detalle. El paleoartista trabaja en ese espacio incompleto y transforma lo que la ciencia sabe en una imagen.

El paleoartista es la mezcla entre la ciencia y el arte», dice. Es una forma de interpretar el conocimiento que tenemos del pasado para poder llevarlo a audiencias más grandes. Otros artistas adoptan interpretaciones más libres, explica, por ejemplo al proponer determinados tipos de plumas o estructuras corporales. Él prefiere ser más conservador hasta que aparezca información nueva que respalde otra lectura. Como estoy en la carrera de Paleontología, me voy a ubicar siempre con el área más científica, señala.

Esa decisión tiene que ver también con el paso del tiempo. Una reconstrucción debería producir una imagen impactante hoy y, al mismo tiempo, conservar su utilidad cuando aparezcan nuevos estudios: El objetivo en la reconstrucción, además de que sea lo más válida posible, es que también perdure en el tiempo, explica. La paleontología avanza rápido y las investigaciones nuevas pueden obligar a modificar representaciones enteras de un animal. Una imagen demasiado definida en aspectos que todavía están abiertos puede terminar instalando como verdadero algo que nunca fue demostrado.

Otra de las funciones del paleoarte es traducir un conocimiento que está expresado en un lenguaje difícil de trasladar al público general: La palabra saurisquios realmente no le dice nada a nadie, cuenta. Una imagen, en cambio, puede traducir esa clasificación a una idea comprensible para cualquiera. El paleoartista convierte conceptos científicos en formas, colores y movimientos que se reconocen sin necesidad de conocer antes la terminología técnica. Esa traducción también tiene una responsabilidad: “La intención no es crear un dibujo espectacular para sumar seguidores, sino acercar una interpretación del mundo extinto lo más fiel posible a lo que se conoce”.

 

 

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Video en el que se recopilan algunos trabajos de Díaz Yantén.

 

Colores que no eran grises

Mientras más buscás, te das cuenta que menos sabemos, en realidad, afirma Díaz Yantén cuando se le pregunta cómo se elige el color de un dinosaurio. Hace treinta años, reconstruir la tonalidad de un dinosaurio era, en buena medida, un ejercicio de inferencia a partir de animales actuales. Hoy existen evidencias más específicas. En algunos dinosaurios se encontraron melanosomas, estructuras microscópicas que conservan pistas sobre la pigmentación original de plumas y escamas. Eso todavía está lejos de significar que se conocen todos los colores del pasado, pero sí que algunas reconstrucciones pueden apoyarse en datos que antes no existían.

Díaz Yantén menciona, como ejemplo, al Diplodocus. Durante décadas, los saurópodos fueron representados como animales grises, enormes y apagados. Sin embargo, un trabajo reciente analizó melanosomas en escamas fosilizadas de ejemplares juveniles y aportó información sobre sus patrones de coloración: Usualmente, a los cuello largo se los suele representar como grises, muy elefantescos», cuenta. Hay un trabajo que nos viene a decir todo lo contrario, que si bien no tenían colores vistosos, sí tenían patrones de colores mucho más variados de lo que la gente imaginaría.

Cuando la evidencia directa se termina, entra en juego la comparación con la naturaleza actual: Estudiar sobre el presente para saber cosas del pasado tiene su lógica, tampoco es tan arriesgado, plantea. La comparación tiene límites, porque los ambientes y los animales de hoy no son los mismos que hace millones de años, pero algunos comportamientos ofrecen referencias válidas. Un dinosaurio pequeño que vivía en un bosque pudo haber usado patrones de camuflaje, del mismo modo que ocurre con animales actuales de ambientes similares. Un dinosaurio con plumas pudo haberlas usado para funciones relacionadas con la exhibición o la protección.

En un momento de la charla Díaz Yantén se levanta y trae una réplica que hizo para una actividad de divulgación, un Gasparinisaura, pequeño ornitópodo patagónico que él mismo pintó siguiendo esa misma lógica: Es un Gasparinisaura macho, por eso lo pinté con estos colores. Debería estar cubierto de plumas, es un trabajo que quiero hacer todavía, explica, y señala que las patas del animal se parecen bastante a las de una gallina, un ejemplo de cómo la anatomía actual entra en la reconstrucción del pasado.

 

Vitosaura colozacani, el primer abelisáurido hallado fuera de la Patagonia, en La Rioja. Ilustración de Gabriel Díaz Yantén.

Huesos que aprenden a moverse

Mientras habla, Díaz Yantén abre carpetas en su computadora: Esta es mi carpeta de Muttaburrasaurus, dice. Aparecen modelos, renders, archivos preparados para imprimir y animaciones a medio terminar. Es un conjunto de versiones, correcciones y caminos que quedaron a mitad de recorrido, más que una imagen única y cerrada del dinosaurio.

En una producción grande, cada etapa suele estar repartida entre distintas personas, una que modela, otra que esculpe y otra que trabaja el rigging, el proceso por el cual el modelo 3D se ancla a un esqueleto digital que después permite moverlo. Díaz Yantén suele encargarse de todo. Trabaja con Blender, un software gratuito con múltiples funciones, aunque su relación con la tecnología estuvo marcada por las limitaciones. Empezó con equipos de gama baja que lo obligaban a simplificar los modelos, algo que con el tiempo terminó enseñándole a optimizar sus animaciones para lograr detalles sin consumir tantos recursos.

Uno de sus trabajos recientes fue la animación de Kank australis, un dinosaurio carnívoro del Cretácico con el cuerpo de un ñandú, pero que cazaba y movía su cuello como una cigüeña. La indicación que recibió del equipo de investigadores fue visual: Mira, intentá hacerlo como una cigüeña. Díaz Yantén se puso a mirar videos de cigüeñas pescando, tratando de entender cómo pliegan el cuello antes de lanzarse al agua. Toda esa energía que se va acumulando en la musculatura se dispara en un vector, básicamente, para la pesca, explica.

La animación tampoco funciona como un botón que convierte un modelo en un animal vivo: Mucha gente se imagina que es como un filtro de Instagram, que es un botón y automáticamente se hacen las cosas, dice. En realidad, cada movimiento requiere iteraciones y ajustes constantes.

Y también hay errores en el camino. Con Muttaburrasaurus, el paleoartista interpretó mal un trabajo científico. La investigación señalaba que el dinosaurio podía apoyar sus cuatro extremidades, pero eso era distinto a decir que las usaba todas para caminar. Él hizo una primera animación en la que el animal caminaba en cuatro patas y, cuando recibió comentarios que cuestionaban esa reconstrucción, volvió al paper y corrigió la animación.

 

Tyrannosaurus rex, uno de los dinosaurios mejor estudiados. Ilustración de Gabriel Díaz Yantén.

Dinosaurios que parecen monstruos

En un momento de la entrevista, Díaz Yantén abre Google y busca dinosaurios». En la pantalla aparecen reconstrucciones científicas junto con imágenes que todavía conservan formas y proporciones instaladas por el cine. Entre ellas hay animales que parecen salidos de Jurassic Park, aunque la paleontología haya modificado muchas de esas representaciones con el paso de los años.

Para él, Jurassic Park fue importante para cambiar la imagen que el público tenía de los dinosaurios. La película de 1993 dejó atrás, en parte, la representación de animales lentos y pesados y ayudó a instalar criaturas más dinámicas y ágiles. La tensión aparece cuando esa imagen queda congelada mientras la ciencia sigue avanzando: Como es una película y además una franquicia, tiene que capitalizar sobre una imagen que el público ya reconoce, y por eso no necesariamente va a cambiar, señala.

Su referencia alternativa es Caminando con dinosaurios, el documental de 1999. Ahí encuentra otra forma de representar a los animales extintos, alejada de los monstruos y las criaturas de ficción y más cercana a animales que enfrentaban necesidades biológicas, ambientales y reproductivas: Creo que este documental hizo un muy buen trabajo al mostrar a los animales extintos como animales, y eso es fundamental a la hora de representar esta fauna, dice.

Esa misma tensión entre la imagen heredada y el avance del conocimiento reaparece cuando habla de inteligencia artificial. Distingue la inteligencia artificial como herramienta, presente desde hace años en investigación y animación para resolver problemas puntuales, de la inteligencia artificial generativa, que arma imágenes y videos a partir de material preexistente. Para él, lo que está en juego va más allá de la calidad del resultado final y toca el proceso mismo de crear: Cuando alguien agarra un lápiz y un papel, ya está pasando por una experiencia física y mental, aunque sea apenas un boceto. Cuando en cambio se le pide directamente a una inteligencia artificial, ese proceso desaparece”.

 

Alnashetri cerropoliciensis, un pequeño dinosaurio terópodo alvarezsáurido del tamaño de una gallina. Ilustración de Gabriel Díaz Yantén.

Un abecedario de dinosaurios

En las actividades de divulgación en escuelas, Díaz Yantén ya sabe qué le van a pedir apenas se sienta a dibujar. Tyrannosaurus rex, Triceratops, Velociraptor. En los últimos años empezaron a aparecer también pedidos de dibujar Indominus rex o Distortus rex, criaturas cien por ciento ficticias creadas para las películas de Jurassic World, sin correlato real en el registro fósil. Para él, lo que hay que revertir no pasa por que chicas y chicos conozcan esos animales, sino por lograr que esas referencias dejen de ocupar casi todo el espacio disponible en su imaginario.

Para achicar esa distancia prueba distintos formatos. En una actividad en Cipolletti, pensada para escuelas primarias, armó a último momento una experiencia de realidad aumentada que permitía insertar sus modelos 3D en el espacio real y sacarse fotos con ellos, usando una herramienta simple pensada para alguien que no programa. La actividad fue muy bien recibida, sobre todo por las docentes, y funcionó como un gancho para que los chicos se acercaran a dinosaurios que no suelen aparecer en el cine.

Acá en la Argentina hay una riqueza enorme en lo que es paleontología, dice. En esa misma actividad empezó a regalar stickers a quienes pudieran nombrar cinco dinosaurios argentinos. Para Díaz Yantén, la diversidad de especies descubiertas en el país ofrece además un repertorio particularmente amplio para acercar la paleontología al público: Aquí se puede hacer el abecedario de dinosaurios, señala.

Por eso buena parte de sus trabajos recientes están concentrados en la fauna de Gondwana: Carnotaurus, Gasparinisaura, Kank, Patagornis y otros animales descubiertos en el sur. La intención es que esas especies también formen parte del repertorio con el que una persona piensa cuando escucha la palabra dinosaurio. Hay mucha información que se diluye y se pierde con tanta referencia norteamericana, sostiene. Hay que darle mucho hincapié a la fauna y la flora que se ha encontrado aquí en el sur, agrega.

Para alguien que no trabaja en paleontología, los nuevos descubrimientos suelen quedar lejos. El lenguaje científico y la velocidad de publicación dificultan que esos hallazgos lleguen al público general, más allá del interés que puedan despertar. El paleoarte ocupa esa parte del recorrido: Una persona que trabaja en una oficina no está al tanto de los nuevos hallazgos, de qué significa encontrar un nuevo grupo de animales extintos en un lugar que no conocíamos, dice Díaz Yantén. Y después resume el lugar que ocupa en esa cadena. Me siento muy cómodo en el área de paleoarte porque doy mi granito de arena al momento de llevar el conocimiento científico más complejo a un lenguaje mucho más sencillo, concluye.

El trabajo de Gabriel Díaz Yantén puede consultarse en su cuenta de Instagram, @Paleodgy.


21 sep 2026

Temas: Dinosaurios, Paleoarte, Paleontología, UNRN

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